Día 5: Pacientes recuperados, la esperanza en el foco mundial de la pandemia

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DIARIO DE UCI

Nueva York, 9 may (EFE News).- Aunque el trabajo de atender pacientes con COVID-19 acá en Nueva York, epicentro mundial de la pandemia, o en cualquier otro lugar del mundo puede ser difícil y desafiante, también he visto cosas realmente positivas.

En primer lugar, está la experiencia de los que mejoran y pueden ser dados de alta.

Recuerdo especialmente un día en esta UCI cuando enviamos a uno de nuestros pacientes a casa.

Por lo general, los recuperados pasan de la unidad de cuidados intensivos a una habitación normal antes de salir del hospital, pero durante varios días seguidos las otras plantas habían estado tan llenas que nunca pudimos transferirlo.

Cuando finalmente estuvo lo suficientemente bien como para irse a su hogar, lo sacamos directamente de la UCI. Se había puesto su ropa habitual y recuerdo que me sorprendió ver a alguien vestido de calle en la unidad. Luego me di cuenta de que era nuestro afortunado paciente.

Al verlo salir todos detuvimos brevemente lo que estábamos haciendo para aplaudirlo. Suena muy simple, pero es realmente emotivo.

Hay una tradición en la mayoría de los hospitales que atienden a pacientes con COVID-19 de dar un aplauso cuando alguno regresa a su casa. Es una forma realmente emocionante de celebrar un éxito entre tanto dolor.

Y ese éxito se ha visto por todo el mundo.

A pesar de que la pandemia deja ya más de 275.000 muertos en el planeta, la cifra de pacientes recuperados supera los 1,3 millones, más de un tercio de todos los casos.

En el estado de Nueva York también ha sido alentador ver que, pese a los más de 330.000 casos confirmados y 26.000 fallecidos, alrededor de 56.000 personas ya lograron superar la enfermedad.

SENTIR EL RESPALDO DE LA GENTE

Otra experiencia reconfortante ha sido el apoyo abrumador de la comunidad.

Al caminar por mi vecindario, veo carteles e imágenes en las ventanas de muchas casas agradeciendo la atención médica y a los trabajadores esenciales.

Incluso, en una de las unidades de atención se publicaron cartas de niños con mensajes y dibujos de gratitud y aliento.

Los restaurantes locales se pusieron de acuerdo y traen menús regularmente para que el personal del hospital desayune, almuerce y cene. En mi caso, un amigo de mi familia me preparó las comidas para que no tuviera que preocuparme por ir a la tienda o tener que cocinar.

Ver cómo las personas pueden trabajar juntas ha sido inspirador.

Muchos profesionales incluyéndome a mí, que soy cirujana pediátrica, están trabajando fuera de sus roles normales, lo que, sin duda, puede ser un poco aterrador e incómodo.

Sin embargo, la gente ha estado dispuesta a sacrificarse para enfrentar los desafíos de combatir esta enfermedad y nos hemos apoyado mutuamente en el camino.

Hay una sensación real de que somos más fuertes juntos. No habría podido trabajar con un mejor equipo.

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