De visitas, Tillerson y cosas peores

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El secretario de Estado de EE.UU., Rex Tillerson, pasó por México para una visita política que incluyó temas como la renegociación del TLCAN, las cuestiones migratorias, mexicana y centroamericana, la situación de seguridad, el tema venezolano y otros.

El problema es que la visita de Tillerson ocurre en el marco de una cada vez mayor encaboración de mexicanos y canadienses con el gobierno de Mr. Trumpas.

El actual preciso de EE.UU. llegó al poder sobre la base de “Estados Unidos primero” y de “hacer grande otra vez a EE.UU.”, pero hasta ahora lo único que ha hecho es gobernar a base de insultos públicos o ataques.

Ciertamente le ayuda ser el preciso de la potencia militar y económica number one del mundo, una con la que nadie desearía pelear de frente, ya que sería como meterse con Sansón a las patadas.

Pero en este mundo ya nadie tiene suficientes aliados,y en ese marco los gobiernos de Canadá y México, países vecinos del elefante, deben cuidar al menos sus expresiones oficiales y están obligados a tratar las relaciones de la manera más política posible, ya sabemos que a Mr. Trumpas no le gustan las críticas.

Pero al mismo tiempo la imagen internacional de EE.UU. se encuentra cuesta abajo y la relación estadounidense con sus vecinos es seguida de cerca por otros países como señal de lo que pueda ser su relación con el cabrisimo grandón.

Las relaciones internacionales tienen paralelos con las comerciales: la confianza es indispensable. Y cuando ambas se suman, la suma no puede ser cero, pero entran factores que van más allá de la consideración comercial o del quien ‘gana’. En ese sentido hay también advertencias sobre consecuencias. Algunos mencionan la posibilidad de un impacto político que sería  visible en las elecciones presidenciales mexicanas de julio, cuando se considera posible la victoria de López Obrador ¡OMG que Dios nos agarre confesados!, al parecer afín a los movimientos izquierdistas latinoamericanos, considerado por algunos como un populista de izquierda, por otros como un nostálgico de la ideología nacionalista de los 60 y 70 y por otros como un reverendo ignorante.

Algunos dicen que la política y la diplomacia son el arte de tragar KK y sonreir, gracias a Trump, Tillerson y sus compinches traen una mueca permanente.

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