Dan voz a la “autocrítica” del poeta cubano Herberto Padilla 50 años después

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CUBA

Miami, 27 abr (EFE News).- La conocida confesión pública del poeta cubano Heberto Padilla (1932-2000) que hace 50 años conmocionó al mundo literario por tratarse de una “manipulación” del castrismo ha sido escenificada en una nueva lectura coral.

Una veintena de artistas e intelectuales cubanos dan lectura este martes, desde distintos países, incluyendo la isla, al famoso documento conocido como “la confesión de Padilla”, que el poeta posiblemente escenificó en 1971 tras ser detenido e interrogado por disentir de la política comunista de la isla.

Se trata de un “ritual de inculpación público”, como parte del cual Padilla se acusó de “contrarrevolucionario” a sí mismo, a su esposa (la también escritora Belkis Cuza Malé) y a varios amigos cercanos.

La lectura del documento, organizada por la artista Coco Fusco desde Nueva York bajo el título “La sombra de Padilla”, incluye voces de la sociedad civil cubana agrupadas en el Movimiento San Isidro y el 27N.

El audiovisual de casi tres horas de duración se presenta hoy en internet y los portales webs del Showroom en Londres, el Kunstlerhaus Bethanien de Berlín, el Instituto Herberger en Arizona, el Museo Pérez de Miami y el Franklin Furnace de Nueva York y la organización Artists at Risk Connection.

LECTURA CORAL DE UN DOCUMENTO HISTÓRICO

“Quería que muchas voces se unieran como una sola. Los cubanos tienen muchas voces diferentes, muchos puntos de vista y muchos hogares en el mundo. Pero hay historias y experiencias que se comparten, y ésta es una de ellas”, dice a EFE Fusco sobre el audiovisual.

En el video, que, según un comunicado, “conmemora el 50 aniversario de uno de los momentos decisivos de la Revolución cubana en lo que respecta a la libertad de expresión”, intervienen casi una veintena de intelectuales y escritores cubanos desde Estados Unidos y Europa.

“La confesión de Padilla conmocionó al mundo literario internacional. Aunque el Gobierno cubano trató de utilizar su autoflagelación como prueba de su culpabilidad, sus amigos de fuera de la isla entendieron el acto como un juicio-espectáculo al estilo estalinista”, puntualiza Fusco, profesora de Arte en The Cooper Union School of Art de Nueva York.

Según la artista de origen cubano nacida en 1960 en Nueva York, “destacados intelectuales públicos como Susan Sontag, Jean-Paul Sartre y Mario Vargas Llosa hablaron en su defensa (de Padilla) y docenas de figuras literarias más firmaron cartas públicas a Fidel Castro”.

“Muchos optaron por distanciarse de la revolución a raíz del asunto, poniendo fin a la época dorada de Cuba como destino favorito de los intelectuales trotamundos de izquierdas”, añade la creadora.

EL PRESAGIO DEL “QUINQUENIO GRIS”

La confesión pública de Padilla, quien logró exiliarse en 1980 y murió en Alabama (EE.UU.) a los 68 años, “fue un presagio” del período conocido como el Quinquenio Gris.

Durante esos cinco años (1971-1976), decenas de artistas y escritores cubanos fueron separados de la vida pública.

“El trato que el Gobierno cubano le dio a Padilla hizo visibles los métodos para tratar a intelectuales y artistas, y ha funcionado desde entonces como una advertencia para aquellos que pretenden desafiar la autoridad estatal”, subraya el comunicado.

“La parte que me toca leer a mí es una donde habla de la bondad de la revolución, y de su paciencia con todos aquellos que no la comprenden, y ‘denuncia’ a (los escritores José) Lezama (Lima), Norberto Fuentes, César López, entre otros”, explica a EFE desde Berlín el crítico literario Carlos Aguilera.

Según Aguilera, el denominado Caso Padilla “abre ‘oficialmente’ el período más duro de la necropolítica castrista, en el que no se permitió ningún disenso”.

“El hecho de que Padilla haya parodiado o teatralizado purgas parecidas ocurridas en los peores momentos soviéticos ayudó mucho, ya que puso sobre el tapete el horror del comunismo castrista y sus intentos de silenciar a toda una sociedad a través de la manipulación, el aplauso y el castigo”, sentenció.

De acuerdo con el escritor cubano Antonio José Ponte, “varias cámaras del instituto oficial de cine (ICAIC) filmaron el discurso de autocrítica de Heberto Padilla”, pero el filme “no llega a exhibirse públicamente”.