Cumbres en tiempos de covid

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UE CUMBRE SOCIAL

Oporto (Portugal), 8 may (EFE).- La Cumbre Social de Oporto deja estampas para recordar, y no solo por los compromisos alcanzados. Los líderes europeos se han visto cara a cara durante dos días, han compartido una larga sobremesa y han comparecido ante cientos de periodistas. Un llamativo cambio tras un año de pandemia.

Reunir a 24 de los 27 jefes de Estado y de Gobierno de la UE en una cumbre de dos días en tiempos de covid confirma el empeño del bloque por recuperar progresivamente la normalidad.

Y es además la primera vez en el último año que la prensa tiene acceso a la sede de la cumbre y los líderes europeos conversan abiertamente con los periodistas en el recinto.

Desde febrero de 2020, antes de las restricciones provocadas por la pandemia, se han celebrado ocho reuniones de alto nivel vía videoconferencia y cuatro cumbres presenciales en formato limitado, con ruedas de prensa “online”, incluida la “supercumbre” de cinco días del pasado julio en Bruselas para aprobar el plan histórico de recuperación y el presupuesto de 1,82 billones de euros.

Pero el camino es largo todavía.

Las delegaciones oficiales son muy reducidas y las tres ausencias de líderes de la cumbre se han justificado por la situación de la pandemia: la alemana Angela Merkel; el primer ministro de Países Bajos, Mark Rutte, y el de Malta, Robert Abela.

Abela, según la organización, no ha podido viajar a Oporto en el último minuto por un caso positivo en su entorno familiar.

PCRs Y ESCÁNER PARA LA TEMPERATURA

El acceso a las sedes de la Cumbre sólo se permite con una PCR negativa realizada en las 72 horas previas. Es obligatorio el uso de mascarillas y se multiplican los avisos para guardar distancias.

Para facilitar la movilidad de los participantes, tanto de las delegaciones como de los periodistas, es posible realizar una PCR o un test de antígenos por cuenta de la organización antes de regresar al país de origen.

Además, un escáner facial mide la temperatura en el acceso a las sedes oficiales y un plantel de jóvenes se ocupan de repartir mascarillas quirúrgicas y recordar que la nariz debe quedar tapada.

En las salas habilitadas para las comparecencias de los líderes europeos se han colocado pocas sillas y espaciadas para los periodistas. En el centro de prensa los puestos son también individuales y están separados.

Asimismo, se mantienen distancias en las reuniones de alto nivel y los líderes europeos están separados por mamparas transparentes que les permiten retirar sus máscaras sin riesgo.

El viernes por la noche incluso compartieron una larga velada durante una cena a puerta cerrada organizada por el Consejo Europeo que se extendió hasta la madrugada por el debate sobre uno de los temas más espinosos para el bloque comunitario: la pandemia y las patentes de la vacunas.

“BUSCA UNA MUJER EN LA HABITACIÓN”

La cita de Oporto es también la primera reunión de los Veintisiete tras el incidente del llamado “sofagate”, cuando la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, quedó relegada a un segundo plano durante una visita a Turquía.

Los organizadores han sido especialmente cuidadosos con el protocolo en esta ocasión, pero la brecha de género es todavía muy llamativa en la Europa del siglo XXI.

Las imágenes hablan por si solas.

Van der Leyen hablando a un auditorio íntegramente masculino; Van der Leyen única mujer en el balcón del ayuntamiento de Oporto con cinco hombres; Van der Leyen única entre ocho hombres tras la firma del compromiso social europeo.

Un compromiso que, por cierto, tiene entre sus objetivos impulsar la igualdad de género y reducir la discriminación salarial que sufren las mujeres en la región.

Las redes se hicieron eco rápidamente. “Juguemos a encuentra una mujer en la habitación”; “para equilibrar la imagen todavía hay mucho por hacer”, reclamaban varias usuarias de Twitter.

El debate no se limita a las redes. Entre los socios europeos hay también diferencias difícilmente explicables, como el malestar de Hungría por el uso del término “género” en la declaración final.

A su llegada a la cumbre, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, no dudó en cargar sobre el tema, aunque sus reservas no bloquearan el acuerdo.

Situaciones que no dejan de asombrar a la primera ministra finlandesa, Sanna Marin, que se despachó el viernes con un “es bueno escuchar a los hombres, en Finlandia, todos los ministros son mujeres”.

Mar Marín

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