COVID-19 gana la partida y arruina la apuesta de los indocumentados en Nevada

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CORONAVIRUS NEVADA

Los Ángeles, 19 jun (EFE News).- La pandemia del COVID-19 arruinó la apuesta que hicieron miles de indocumentados al irse a buscar un mejor futuro a Nevada, el estado con mayor número de desempleados sin estatus legal que se quedaron sin trabajo en esta emergencia sanitaria debido al cierre de casinos, hoteles y negocios que rodean a la industria del juego.

Esperanzados en obtener un pequeño pedazo de la bonanza que en los últimos años dejaron los turistas atraídos por los negocios del ocio y del entretenimiento, los indocumentados llegaron por miles a Nevada, convirtiéndolo en el estado que alberga el mayor número de trabajadores sin estatus legal en proporción a su población en el país.

NEVADA UNA APUESTA SEGURA PARA TRABAJADORES

Más de 1 de cada 10 trabajadores de Nevada son inmigrantes no autorizados, la mayor proporción (10,6 %) de cualquier estado, incluso por encima de California (8,6 %), y Texas (8,2 %), según una estimación del Centro de Investigación Pew en 2016.

La mayoría trabajaba en la industria del ocio que había impulsado la economía del estado tras la caída sufrida en la Gran Recesión.

EL CORONAVIRUS, UN JUGADOR INESPERADO

Pero con la llegada del coronavirus la apuesta de estos inmigrantes, junto a la de la mayoría de trabajadores, se perdió.

“La situación actual es muy, muy, crítica para los trabajadores indocumentados en Nevada. Se quedaron sin nada y hay muy pocos recursos para ayudarles”, dijo a Efe Bliss Requa-Trautz, directora de Arriba Workers Center en Las Vegas.

El centro de ayuda a trabajadores indocumentados, que hace parte de la Red Nacional de Jornaleros (NDLON), está lidiando con una crisis de desempleo sin proporciones, especialmente en Las Vegas.

Bliss califica de “desastre” lo que están sufriendo estos migrantes.

Un ejemplo de esta debacle laboral la está viviendo Dulce, una trabajadora de la limpieza sin estatus legal que no quiso dar su apellido. La mexicana, oriunda de Morelos (México), ganaba como mínimo 100 dólares al día. Tras la pandemia, su trabajo y su salario desapareció.

“Ha sido muy frustrante, mucho estrés. Ya no he podido dormir pensando que me va hacer falta la comida y no sé qué voy a hacer”, relata a Efe la migrante.

En el centro de trabajadores Dulce encontró a decenas de mujeres que como ella que se quedaron sin trabajo y están buscando ayuda.

Requa-Trautz explica que sin tener derecho a reclamar desempleo o alguna de las ayudas federales aprobadas por el Gobierno del presidente Donald Trump estos trabajadores están a merced de la caridad.

“Para nosotros ha representado un gran reto. Sin recursos, y más la campaña de educación sobre el coronavirus necesitamos con urgencia la ayuda del estado de Nevada”, considera.

INVISIBLES EN LA PANDEMIA

Sin embargo, los llamados de ayuda al gobernador de Nevada, Steve Sisolak, se ven empañados por el hecho de que los indocumentados que perdieron su trabajo no se reflejan en las cifras oficiales de desempleo.

A esto se suma el hecho que el mismo estado de Nevada ha enfrentado un gran problema para otorgar los subsidios de desempleo a sus trabajadores autorizados.

Las líneas de teléfono colapsadas y los problemas con la página de internet del Departamento del Empleo, Entrenamiento y Rehabilitación (DETR) en los pasados meses para solicitar los beneficios han ocultado más la problemática de los trabajadores sin documentos.

Incluso Arriba Workers ha tenido que ayudar a estos trabajadores autorizados a realizar sus solicitudes. Especialmente a inmigrantes protegidos por el Estatus de Protección Temporal (TPS), en su mayoría centroamericanos, que han tenido problemas con sus permisos de trabajo que en el papel están vencidos pero aún permanecen vigentes.

Ese es el caso de José, un trabajador salvadoreño cobijado por el TPS, al que no le ha llegado el primer cheque desde que se quedó sin empleo a finales de marzo en un hotel de Las Vegas.

El reto del migrante es doble, ya que su esposa no tiene documentos y también se quedó sin empleo.

Nevada también es la casa de un gran número de familias mixtas donde un miembro es indocumentado.

Un análisis realizado por la Universidad del Sur de California (USC) en 2017 estimó que la tasa de ciudadanos estadounidenses en Nevada con al menos un miembro de la familia no autorizado en su hogar era la tercera más grande del país, solo por detrás de California y Texas.

HASTA LA CASA PIERDEN

El coronavirus incluso ha cambiado el popular dicho en el mundo del juego de que “la casa nunca pierde”. El brote llevó el desempleo a un nivel récord en el estado.

En abril, Nevada registró la peor tasa de desempleo en el país (30,1%) y en mayo se mantuvo en similar situación, con el 25,3 %, aunque aprovechando que el 27 de ese mes la industria hotelera y los casinos comenzaron a reabrir sus puertas.

Para el mexicano Eliazar Castellanos, organizador de Arriba Workers, el futuro para los trabajadores de las esquinas en Nevada es incierto.

“Dependemos de la construcción. Con todos los proyectos detenidos, y el virus del COVID-19 todavía por ahí es complicado pero aún tenemos esperanza de que esto se recupere”, dice el migrante que llegó en 1996 al país, y ya tuvo que enfrentar una situación parecida en la Gran Recesión del 2008.

Por su parte Dulce, al igual que Requa-Trautz, confían que el gobernador Sisolak los escuche y decida ayudar a los indocumentados.

“Nosotros hemos ayudado a salir adelante a este estado sin pedir nada, sólo pedimos que nos den la mano para salir de esta”, apunta Dulce.

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