Claus Guth salva a “Don Giovanni” de los infiernos en el Teatro Real

0
28
370087

TEATRO REAL

Madrid, 18 dic (EFE).- En su descenso una vez más a los infiernos, el “Don Giovanni” de W. A. Mozart no ha arrastrado esta vez al público del Teatro Real, que ha aplaudido el emblemático montaje de Claus Guth en contra del pronóstico que una vez hizo el exdirector artístico de esta casa Gerard Mortier: que los españoles nunca aceptarían la apropiación mundial del mito de Don Juan.

Fue su respuesta a la batalla de “bravos” y abucheos con que se saldó en 2013 y bajo su mandado la anterior presentación en el coliseo operístico madrileño de esta ópera, una aproximación un tanto cinematográfica con dirección de Dmitri Tcherniakov de la que prácticamente solo salió indemne y encumbrada Ainhoa Arteta en su debut en este espacio.

A diferencia de entonces, los asistentes de esta noche han aplaudido casi cada número, al final del primer acto y a su término tras el segundo han dedicado cerca de 10 minutos a celebrar la producción de la Staatsoper de Berlín que se creó para el Festival de Salzburgo de 2008 y que se ha convertido en una de las más icónicas de las últimas décadas.

A Madrid ha llegado con el mismo dúo protagonista que la estrenó con una alabanza unánime de la crítica: el bajo-barítono hispano-uruguayo Erwin Schrott como su compinche Leporello, el más vitoreado en su papel, y el barítono Christopher Maltman como protagonista, un rol al que le tiene cogida la medida y que ya llevó a la Quincena Musical de San Sebastián hace unos pocos años.

El resto del reparto ha estado formado en la primera de las 15 funciones en el Real por la soprano Anett Fritsch (Donna Elvira), el tenor Mauro Peter (Don Ottavio), la soprano Brenda Rae (Donna Anna), así como Louise Alder (Zerlina), el bajo Krzystof Baczyk (Masetto) y Tobias Kehrer (El comendador).

Como es bien sabido, el libreto de Lorenzo da Ponte se basaba en el Don Juan del “El burlador de Sevilla y convidado de piedra” de Tirso de Molina y narra la desventuras amorosas de un noble mujeriego que en uno de sus lances con una chica prometida mata al padre de la joven y sale huyendo.

El apetito insaciable del personaje y su manera de comportarse han suscitado desde su creación tanta fascinación como distancia, cuando no condena, e incluso Plácido Domingo se negó a encarnarlo. “Se puede entender que sea un conquistador, pero que trate bien a las mujeres, que tenga una simpatía”, declaró al dirigir esta ópera hace unos pocos años en el Teatro de los Estamentos de Praga, el mismo en el que en 1787 fue estrenada.

En una aproximación psicológica más empática, Guth decidió que su Don Giovanni saliese de ese duelo inicial malherido y convertir el montaje en una sucesión de los momentos que desfilan por su cabeza ante el paroxismo de la muerte: lo quiere todo y rápido.

En tiempos de pandemia, que han hecho recordar la importancia de vivir con intensidad y apreciar cada momento, la idea ha añadido matices nuevos a cada interpretación de Maltman y a una partitura del Mozart más sintético que, sin transiciones, pasa compás a compás de un carácter irascible a otro dulce.

La acción, para más inri, transcurre con el agravante de la nocturnidad y circunscrita a un bosque libre de normas, el terreno moral en el que sobre todo se mueve Don Giovanni. Ideado por Christian Schmidt sobre una estructura circular que gira y gira durante la función, este territorio salvaje hipnotiza tanto como el resto de personajes.

Ese embrujo se ha mantenido incluso cuando ha sonado un inoportuno teléfono al principio de “La ci darem la mano”, cuando el infame galán al que ayudó a dar forma el mismísimo Giacomo Casanova (incluso estuvo en su estreno original) despliega todo su poder de seducción.

Tras su debut en Praga con gran éxito de crítica y público, “Don Giovanni” tuvo un segundo estreno en Viena un año después para el que Mozart escribió dos nuevas arias. De ese libreto se omitió además el conjunto final hasta mediados del siglo XX.

Con Ivor Bolton al frente de la Orquesta Sinfónica de Madrid, ha sido posible disfrutar de la tremenda orquestación creada por Mozart en una época en la que la música era completamente melódica y que logró hacer sencillo lo difícil, pues llegó a contar con hasta tres orquestas a la vez pero con compases distintos.

Para sus citas en el Real, se ha apostado por hacer la versión vienesa sin la última escena, “por ser la más ajustada por su evocación romántica”, aunque en diversas actividades paralelas será posible escuchar el repertorio completo.