CARLOS FARFÁN CASTAÑEDA | Padre y madre de sus hijos

Después de un día de trabajo llegó a su casa y se encontró con la noticia de que su esposa se había ido, dejándole los cuatro hijos que tenían en edades de 7, 5, 1 año y una bebé de seis meses.

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(Foto cortesía: Carlos Farfán Castañeda)

Williams Viera | [email protected]

En el momento que una mujer abandona sus hijos y se los deja al padre para que los críe, sus familiares, amigos o gente que la conoce de inmediato dicen que “tiene una salud física y mental compleja; que los abandonó por irse con un hombre”.

Nadie está exento del verbo ‘abandono’ que es un artefacto gramatical que puede registrarse en cualquier hogar y, eso justamente, le sucedió a Carlos Farfán Castañeda cuando llegó a la casa que habitaba, después de un día de trabajo arduo, hace 14 años, y se encontró con la sorpresa de que sus cuatro hijos estaban solos.

ABANDONADOS

“¿Y la mamá dónde está?”, exclamó Farfán, un joven mexicano que había llegado procedente de Guerrero a Winston-Salem, Carolina del Norte.

“Ella se fue de la casa, la bebé ha llorado constantemente, ¿y ahora que vamos a hacer?”, fue la respuesta de Stefany, que en ese entonces tenía 7 años y es la hija mayor de Farfán, quien tenía en brazos a su hermana de seis meses mientras le daba leche con un biberón.

Farfán escuchó aquellas palabras en silencio. Apenas podía creerlo. Necesitó tiempo para asimilar aquella situación. El mundo se le echó encima de repente.

(Foto cortesía: Carlos Farfán Castañeda)

ORGANIZARSE

“¿Qué voy a hacer con cuatro niños? Tengo que trabajar. ¿Y ahora?”, pensó en ese instante consciente de lo que tenía que afrontar. Entonces, aquello le provocó una sensibilidad a flor de piel que suele desembocar en impulsos en forma de lágrima.

“Papá, ¿y ahora qué vamos a hacer?”, volvió a preguntar Stefany, quien ya iba a la escuela.

“Si mami no está, vamos a salir adelante”, dijo Farfán. “Es cuestión de organizarnos y de seguir haciendo una vida normal”. 

TRABAJAR DURO 

Sus cuatro hijos son la mayor riqueza que la vida le ha dado a Carlos Farfán Castañeda, un hombre que actualmente tiene 50 años. Él continúa trabajando en la misma frutería desde el momento que llegó procedente de México y que está ubicada en el centro de Winston-Salem.

“En todos estos años he disfrutado de mis muchachos todo lo que puedo en nuestra vida sencilla y normal que llevamos”, dijo.

En el comienzo del abandono, a él le tocó pagar en una guardería para que estuvieran sus hijos mientras trabajaba. Descubrió de repente que, en Estados Unidos, de acuerdo con cifras de la Oficina del Censo en ese tiempo (2007), se registraban 600.000 casos de madres que dejaban a sus hijos con sus padres, porque no querían cuidarlos a tiempo completo debido a una elección o por otra circunstancia.

“En donde he trabajado, al conocer de mi caso, entendieron de mi responsabilidad y me ayudaron para salir adelante con mis hijos”, dijo este padre y madre a la vez.

(Foto cortesía: Carlos Farfán Castañeda)

AGRADECIDO

Stefany, en este momento tiene 21 años; José, 19; Alexis, 15; y Guadalupe, 14. En el instante que su madre decidió dejarlos, la mayor tenía 7 años; el segundo, 5; el tercero, un año; y la cuarta, solo seis meses.

“Todos los días le doy gracias a Dios que me ayudó y me sigue ayudando. Aprendí que la Palabra de Dios vivifica”, dijo Farfán.

Él no tiene vicios y entendió que a pesar de esa situación extraña en la que la madre de sus hijos se fue, la vida le enseñó que tiene tantos capítulos diferentes y que uno mal no significa que sea el final de la historia.

NO RENDIRSE

“Lo único que le digo a mis hijos es que uno en la vida, por una u otra circunstancia adversa, no se debe rendir. Todo es posible para Dios y ya sabemos que antes de estar en el vientre de nuestra madre, Dios ya nos conocía”, reflexionó este hombre que ha sido padre y madre a la vez para sus cuatro hijos.

Stefany terminó la escuela y hoy es peluquera; José abandonó los estudios, pero trabaja en lo que le resulte; mientras que Alexis y Guadalupe continúan yendo a clases y desean llegar a la universidad.