Campo del Cielo: una lluvia de meteoritos dispersa en el norte argentino

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ARGENTINA METEORITOS

Buenos Aires, 6 abr (EFE).- “Campo del Cielo” no solo es un nombre poético, sino la descripción precisa de una vasta región del norte argentino sobre la que 4.000 años atrás impactó una lluvia de meteoritos provenientes del estallido en la atmósfera de un asteroide de más de 800 toneladas, cuyos fragmentos aún siguen recuperándose.

“Es una de las zonas de dispersión de meteoritos más grande del mundo y la única de la que se recuperó semejante cantidad de masa”, asegura a Efe Mario Vesconi, presidente de la Asociación Chaqueña de Astronomía (ACHA), investigador, especialista en geofísica del grupo y codescubridor de 6 de los 8 meteoritos multitoneladas de Campo del Cielo.

Las 400 toneladas de sideritos (meteoritos metálicos) que impactaron en la tierra a 14.000 km por hora -la mitad de la masa total se perdió por ablación-, se dispersaron sobre una superficie de 240.000 hectáreas que hoy comparten las provincias de Chaco y Santiago del Estero.

“Tenemos definidas dos áreas, el campo de cráteres, donde están estos 26, 28 cráteres y el área de dispersión aún mayor, de pequeños fragmentos, o no tan pequeños”, señala el investigador.

Más de 100 toneladas ya fueron recuperadas, una gran parte de ellas se concentran en el meteorito “El Chaco” (33.400 kg), encontrado en 1969, segundo en el ranking mundial después del Hoba (66.000 kg) en Namibia (África), y otras tantas en el “Gancedo” (27.740 kg), encontrado en 2016.

Desde 2015, todos estos hallazgos pueden visitarse en el Parque Científico y Educativo “Campo del Cielo”, ubicado en la reserva provincial chaqueña del mismo nombre. Allí se encuentra la mayor cantidad de piezas recuperadas y un circuito de cráteres de impacto.

“Llegás y podés recorrer seis, siete cráteres con caminos conservados, con señalética, ver dónde se desarrollaron los trabajos, ver un cráter ¿Cuánta gente estuvo parada en un cráter?”, agrega.

RELATOS, HALLAZGOS Y CIENCIA

Leyendas, mitos y relatos sobre “objetos metálicos” desperdigados por el monte impulsaron en 1576 las primeras expediciones en busca de “recursos” para la Corona española.

Los registros de esas misiones señalan el hallazgo de un gran fragmento metálico denominado “Mesón de Fierro”, que pesaba unos 23.000 kilogramos y del que más tarde se perdió todo rastro.

Con posterioridad, otras grandes piezas fueron descubiertas por pobladores locales y algunas “hondonadas” estudiadas.

Sin embargo, recién entre 1962 y 1972, el geólogo norteamericano William Cassidy realizó el hallazgo de 16 cráteres de impacto y de varios meteoritos, entre ellos “El Chaco”.

Años más tarde, Vesconi y su equipo tomaron el testigo y realizaron trabajos de campo en la zona y publicaron sus resultados.

“Recuerdo que un día recibo un correo electrónico de la universidad de Pittsburgh. Era el doctor William Cassidy, nada menos. Para nosotros un prócer”, exclama el investigador.

Cassidy había visto los trabajos y publicaciones de Vesconi y su equipo, tenía financiamiento de la NASA para realizar tres años de estudios de estructuras de impacto en “Campo del Cielo” y los invitaba a unirse al grupo de investigación.

“Hicimos cuatro campañas juntos, después escribimos artículos y elaboramos ideas para el sitio”, comenta el presidente de ACHA.

EVOLUCIÓN DE LA INVESTIGACIÓN DE CAMPO

En los años 1960, Cassidy recurría a la colaboración de pobladores locales para ubicar “represas” o “lagunas secas” que resultaban ser cráteres.

Hoy son las imágenes satelitales de alta resolución, las multiespectrales, las imágenes sintéticas de radar y los drones, los que facilitan la tarea.

“Antes de hacer un estudio metódico hacemos una magnetometría. La suerte es que estos meteoritos son casi 100 % de hierro y hace que concentren las líneas de campo como si fuera un imán”, explica Vesconi.

Confirmada la presunción se construyen las trincheras para ver qué hizo el meteorito, la brecha de impacto, por dónde se deslizó, lo que quemó. “Terminás sacando la estructura original del cráter”, afirma.

EL FUTURO

Vesconi calcula que serían necesarios otros cinco años de trabajo para poder recuperar las toneladas que faltan: “Esperamos este año tener algún fruto. El año pasado estuvo perdido con el tema pandemia”.

“En Santiago del Estero tenemos 14 cráteres identificados, algunos tienen la magnetometría hecha, falta ir a hacer el trabajo de excavación, de estudio estructural y a esos meteoritos volver a levantarlos y sacarlos de esos cráteres”, comenta.

“Ahora cuando lleguen mayo, junio, julio, meses más frescos, a mí me tiran las ganas de ir, es un trabajo inconcluso que me desespera”, exclama. Julieta Barrera

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