Brasil, motor y escollo del Mercosur

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MERCOSUR ANIVERSARIO

Sao Paulo, 24 mar (EFE).- La creciente destrucción de la Amazonía brasileña se ha convertido en un escollo para el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, bloque que cumple 30 años inmerso en discusiones sobre la velocidad de la flexibilización comercial y salpicado por los roces entre Brasil y Argentina.

Las políticas del Gobierno del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, en relación a la protección de la Amazonía, región en la que la deforestación llegó a niveles críticos en los últimos años, ha aumentado la reticencia en algunos países del bloque comunitario frente al pacto.

El Gobierno de Bolsonaro entró en conflicto con Alemania, Francia y Noruega por la preocupación que estos países expresaron por el abandono de la agenda medioambiental de Brasil, mientras que los Parlamentos de Austria y Holanda llegaron a recomendar a sus Gobiernos que rechacen el acuerdo de principios alcanzado en 2019, después de 20 años de negociaciones.

El tratado se encuentra en proceso de revisión técnica y traducción, aunque para entrar en vigor deberá ser aprobado por los Parlamentos de todos los países implicados, una premisa que algunos de los miembros de la Unión Europea han supeditado al mayor compromiso de Brasil en materia medioambiental.

Presionado por los fondos globales, Bolsonaro matizó tímidamente su discurso y se comprometió a adoptar “las medidas posibles” para contener la deforestación en la Amazonía, aunque muchas de las promesas cayeron en saco roto.

ENFRENTAMIENTOS IDEOLÓGICOS

Además de los obstáculos con la Unión Europea, el Mercosur, el sureño bloque fundado en 1991 que, además de Brasil, integran Argentina, Uruguay y Paraguay, también mantiene varios frentes abiertos a nivel interno.

Aunque ambos han intentado matizarlo, el cruce de acusaciones “ideológicas” entre el líder de la ultraderecha brasileña y su homónimo argentino, el progresista Alberto Fernández, ha dificultado el diálogo entre los dos principales socios comerciales de Latinoamérica.

“El problema del Mercosur es que no tienen institucionalidad muy clara, acaba siendo un acuerdo entre presidentes. Si no coinciden, no avanza. Mercosur tendría que tener canales que le permitiese caminar independientemente del Gobierno. No es de ahora, es una cuestión estructural”, resaltó la economista Lia Valls, investigadora del Instituto Brasileño de Economía de la Fundación Getulio Vargas (FGV).

A las diferencias internas se suma la progresiva caída del comercio intrarregional, una retracción que coincide con el débil desempeño económico de los países miembros en los últimos años, especialmente en 2020, durante la pandemia del coronavirus.

EL ABISMO ECONÓMICO

Brasil, el motor económico del Mercosur, concluyó una nueva década pérdida al registrar una caída del 4,1 % en 2020, su mayor retracción en 25 años, lastrado principalmente por la fuerte disminución del consumo.

“Si Brasil crece menos eso tiene un impacto (en el Mercosur). Pero China, con su expansión, ganó más importancia en términos de socio comercial, tanto para Brasil como Argentina”, resaltó Valls.

Paralelamente al debilitamiento del comercio entre los países del bloque, en los últimos tiempos ha emergido un interés creciente de los socios por flexibilizar la política externa común.

Encima de la mesa permanece el debate sobre la relajación de la norma que impide a los socios del Mercosur negociar acuerdos comerciales con otros países en forma individual. Otro de los asuntos que desde hace años es objeto de discusiones es la reducción del Arancel Externo Común (AEC), una elevada tasa con un promedio del 13 % impuesta a importaciones de terceros países.

Según recordó la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en su último informe sobre el Mercosur, este interés provino inicialmente de Paraguay y Uruguay, que por su especialización productiva no se veían tan favorecidos por la vigencia de un arancel externo común, relativamente elevado, para los productos manufacturados.

No obstante, contó con un mayor apoyo en los últimos tiempos de parte de Argentina y especialmente de Brasil, que ha expresado su total apoyo a la flaxebilización comercial para negociar más rápido.

En el caso de Brasil, eso pudiera repercutir en negociaciones que el bloque tiene en curso con Japón, India, Vietnam, Indonesia y Corea del Sur.

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