Berlín declara la guerra al “botellón” para atajar la tercera ola de la covid

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CORONAVIRUS ALEMANIA

Berlín, 3 abr (EFE).- Con carreras, botes de humo y redadas de la policía están acabando las fiestas ilegales en los parques de Berlín desde que la ciudad-estado ha impuesto un toque de queda parcial para atajar la propagación de la covid.

Sin mascarillas ni distancia de seguridad, varios cientos de jóvenes se arremolinan de forma distendida en grupos en el parque Gleisdreieck al atardecer, algunos con música, muchos con cervezas, aprovechando las temperaturas más agradables de los primeros días de primavera y los festivos de Semana Santa.

Entonces aparecen varias furgonetas policiales y casi un centenar de agentes irrumpe en el parque para disolver a los grupos. Muchos jóvenes corren, otros se enfrentan a las fuerzas de seguridad “de forma muy agresiva”, según informó la Policía de Berlín.

La escena, de la que fue testigo Efe, acaba con gritos e insultos, lanzamientos de botellas y piedras a los agentes, el empleo de botes de humo, varios heridos -por ambas partes- y la identificación de once jóvenes, algunos menores de edad.

La policía denunció un ataque con un extintor por el que resultaron afectados con problemas respiratorios e irritaciones oculares cuatro agentes.

“Hubo problemas: algunos de los chicos se empezaron a pelear, algunos no se querían ir y ahí está la policía con los cascos dispersándolos”, explica a Efe Federico, un testigo casual de los hechos.

Una joven que prefirió no identificarse criticó la actuación policial: “Me enfada que esté pasando todo esto, pero estamos muy cansados de las restricciones. Además, estamos en la calle, por lo menos no estamos en pisos cerrados ni en fiestas clandestinas”.

No es un hecho puntual. Se trata de la segunda ocasión en la que la policía interviene en ese parque. En la tarde noche del miércoles, más de 2.500 personas según la policía se concentraron allí sin cumplir las restricciones.

“Es la primera vez desde el verano en el que veo tanta gente junta”, explicó el miércoles a Efe Pau, un catalán estudiante Erasmus que se encontraba en ese parque.

El caso del Gleisdreick no es único. Escenas similares se han producido en los últimos días en muchos otros puntos de Berlín y a lo largo y ancho del país. En Múnich, por ejemplo, la policía tuvo que actuar este jueves en una plaza donde se habían concentrado unas 400 personas con mesas plegables, alcohol y música.

NUEVAS RESTRICCIONES

Estos sucesos coinciden con la entrada en vigor en Berlín y otras ciudades alemanas de más restricciones para frenar la pandemia. En la capital, por ejemplo, se ha instaurado un toque de queda parcial que limita a dos las personas que pueden reunirse en exteriores entre las 21.00 y las 5.00.

Además, las guarderías están cerradas salvo para los hijos de trabajadores esenciales y, a partir del martes de Pascua, en exteriores se prohíben los encuentros de más dos personas -si no son convivientes- y en interiores no estarán permitidas las visitas nocturnas.

FRENO DE EMERGENCIA ANTE EL REPUNTE

Alemania según ha reconocido su ministro de Sanidad, Jens Spahn, se encuentra “en medio de la tercera ola”.

Este sábado hubo un leve descenso en la incidencia semanal de contagios -la media en Alemania 131,4 casos por 100.000 habitantes, frente a los 134 notificados el viernes. Pero se está muy lejos de la contención lograda entre finales de enero y febrero, en que se había bajado a los 60 casos semanales.

Eso determinó entonces a las autoridades a contemplar una tímida reapertura. Pero ante el repunte continuado desde que se entró en marzo, se activó de nuevo el llamado “freno de emergencia” -contemplado a partir de los 100 casos semanales por 100.000 habitantes-, ante la impaciencia y frustración de muchos ciudadanos.

La restauración, el ocio y la cultura quedaron cerrados en noviembre, a lo que se sumaron, en diciembre, los comercios no esenciales. Desde entonces, la mínima reapertura solo sirvió para reabrir peluquerías, museos y centros de jardinería, mientras que algunos comercios de Berlín vuelven a recibir clientes, aunque solo con cita previa o presentando un test de antígenos.

María Alonso Martos

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