Baltimore y Matisse o la pasión de dos hermanas por el arte

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Baltimore (EE.UU.), 8 dic (EFE).- Él las llamaba sus “damas de Baltimore”, ellas le eligieron como su artista preferido: Henri Matisse encontró en Claribel y Etta Cone a sus principales valedoras en Estados Unidos y las dos hermanas hicieron posible que su ciudad albergue ahora la mayor colección del artista francés.

Por eso no es de extrañar que el Museo de Arte de Baltimore, la institución pública con más obras de Matisse del mundo, abra el próximo 12 de diciembre un centro de investigación sobre el artista y una nueva exposición, mientras mantiene hasta comienzos de 2022 otra gran muestra sobre sus obras.

Ni los dos museos que llevan el nombre del pintor en Francia superan esta ingente selección que comenzaron Claribel y Etta Cone hasta acumular 600 obras del artista. Desde 1949, tras recibir la colección Cone, el museo ha conseguido doblar aquella cantidad, hasta las 1.200 piezas.

La curadora Katherine Rothkopf, comisaria de las muestras y responsable del centro de investigación, recorre con EFE “Una influencia moderna. Henri Matisse, Etta Cone y Baltimore”, la exposición con la que se reivindica la figura de la pequeña de las hermanas.

Porque como apunta Rothkopf, Claribel ha sido históricamente reconocida por su “buen ojo” y por adquirir las piezas más prestigiosas de la colección -como el cuadro “Desnudo azul, recuerdo de Biskra”- pero Etta fue la que compró más obras de Matisse y la que entabló amistad con él, precisamente tras la muerte de su hermana.

La afición de Etta al arte se remonta a 1898, cuando su hermano le dio 300 dólares para comprar algo para el salón y en lugar de muebles adquirió un cuadro del impresionista estadounidense Theodore Robinson. Influida probablemente, supone la curadora, por sus nuevos amigos los Stein (la escritora Gertrude Stein y sus hermanos) que se habían mudado a Baltimore.

Gracias a los Stein, Etta conoció a Matisse en París en 1906 y aquel año le compró las primeras obras, los dos dibujos y una acuarela que presiden el inicio de la exposición.

Rothkopf subraya la “valentía” de las Cone por “atreverse” a comprar las obras de un artista al que sus coetáneos franceses, en aquel momento, criticaban duramente por su arte “salvaje”.

Otros momentos de la muestra explican la fascinación de Etta por la obra de Matisse en cualquiera de sus formatos.

Así puede verse en la parte que expone el primer libro que Matisse ilustró, un poemario de Mallarmé del que la pequeña de las Cone compró todos los trabajos, desde los primeros bocetos hasta la última placa que acabó en imprenta.

Flores, cisnes y siluetas humanas adornan ese libro en esta exposición que también recuerda la única visita que Matisse hizo a Baltimore. Fue en 1930, para visitar a Etta tras la muerte de Claribel.

Según cuenta la conservadora, el Baltimore Sun -el periódico de la ciudad- publicó hasta cinco artículos sobre la visita a pesar de su fugacidad, porque para entonces Matisse ya era uno de los artistas más reconocidos del mundo.

Aquella única ocasión le sirvió a él para darse cuenta de que la colección Cone y Baltimore le podían servir para tener una mayor presencia en Estados Unidos.

Esta exposición se cierra con algunos de los famosos collage de la última etapa de Matisse -que Etta ya no llegó a ver- y con la última obra que la coleccionista compró antes de morir en 1949. Se trata del cuadro “Dos chicas”, que en cierta medida parece evocar a las hermanas Cone.

La otra muestra sobre Matisse se abre el día 12 en el espacio creado para albergar también el nuevo centro de investigación.

“Matisse: La línea sinuosa” es el título de esta pequeña exposición que parte de su famosa escultura “Serpentina” y que cuenta con obras del francés cedidas o donadas por otros -como la propia familia Matisse- distintos a la colección Cone.

El museo, que apuesta fuertemente por los artistas contemporáneos, cuenta en esta exposición con un invitado, el pintor estadounidense Stanley Whitney, que reinterpreta los famosos collage de Matisse con una vidriera en tres piezas.

Al final de la sala, el broche: A un lado una foto de Whitney en su estudio con las pinturas previas a su vidriera en honor a Matisse y, al otro lado, al artista francés en el suyo, sentado junto a uno de los retratos que hizo de Etta Cone.

“Tu obra ha llenado mi vida”, le dijo Etta a su amigo Henri en una de las cartas que intercambiaron y que también pertenece a la ingente Colección Cone.

Una colección en la que Matisse es la estrella pero que cuenta con 3.000 piezas, entre ellas obras de artistas como Picasso, Cézanne o Monet, que ocupan un ala entera del museo y que llegaron directamente de los dos apartamentos contiguos de la ciudad en los que vivían las hermanas.

Y es que gracias a las Cone, Baltimore no es solo la ciudad conocida como el escenario de la serie “The Wire”, el enclave de la prestigiosa universidad Johns Hopkins o el lugar donde nació el himno nacional estadounidense. Es también el otro hogar de Henri Matisse.

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