Arranca con el espíritu de siempre la edición más diferente de Sonorama

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SONORAMA RIBERA

Aranda de Duero (Burgos), 12 ago (EFE).- La de 2021 será probablemente la edición más anómala de Sonorama Ribera, pero el festival de Aranda de Duero (Burgos) ha arrancado una vez más con mucha energía y ello a pesar de las restricciones impuestas por la actual situación sanitaria.

4.000 abonos vendidos, 200 entradas de día el jueves, 300 el viernes y 400 el sábado, ha informado la organización. Un público incondicional que no ha querido faltar a su cita anual con la música independiente.

Marcado por las medidas especiales de seguridad exigidas y adoptadas por los organizadores, se ha distribuido a los asistentes en zonas delimitadas de 1.000 personas, con sus propios servicios de restauración y sin posibilidad de intercambio.

Abundante personal de seguridad y sillas, muchas sillas en el recinto ferial por la prohibición de estar de pie durante los conciertos. “No había visto más sillas en toda mi vida”, bromeaba El Kanka al iniciar su actuación.

Aunque en las primeras horas la mayoría estaban vacías; el público prefería escuchar a sus grupos favoritos desde las zonas de restauración, ya que no estaba permitido comer ni beber en los asientos.

Los asistentes, en general, se han mostrado obedientes con las medidas, recordadas de vez en cuando por los altavoces. Muchas mascarillas y mucho respeto.

Los que ocuparon sus plazas a pesar del implacable sol y el calor de las primeras horas no podían bailar, pero cimbreaban sus cuerpos sentados al son de la música, o levantaban los brazos, aplaudían y cantaban. A Sonorama se viene a disfrutar.

Entre el público, algún chaval con sus padres, aunque muy pocos. Este año no hay edición Sonorama Baby, que arrastraba a familias enteras, abuelos y bebés incluidos, a los conciertos.

Tampoco se han visto colas en las taquillas, solo por la mañana de grupos que buscaban escoger las mejores plazas en las zonas delimitadas que les habían tocado. Ambiente tranquilo también en los alrededores del recinto ferial, muy vigilados por las fuerzas de seguridad para impedir cualquier amago de botellones.

Y en el centro de la ciudad, ausentes los conciertos de la Plaza del Trigo, sólo se han visto pequeños grupos en las terrazas y algo más de clientela en los restaurantes.

Calavento arrancó cuando el sol aún lanzaba implacable toda su energía calorífica. Había poco público, pero a lo largo de la tarde, poco a poco, se fue llenando el recinto ferial.

El rapero Nach saludó con un “gracias por estar aquí con la que está cayendo”, que valía tanto para referirse a la ola de calor como a la situación sanitaria. “Encantado de abrir este festival que se ha currado tanto y sobre todo que la música nos una en esta época en la que estamos todos tan separados”, prosiguió.

Al caer la noche se encargó de mantener la temperatura ambiental Sidonie, que arrancó con “Sofá”, “Nirvana” y “Fascinados”. De repente parecía que se había multiplicado la gente en todos los espacios, incluidas las sillas antes vacías.

“Abba”, “Portlligart”, “Maravilloso” y el público completamente entregado, coreando las letras. “¿Pero quién canta aquí?” preguntaba Marc Ros.

Ya no castigaba el sol, pero se mantenía el calor ambiental, que se alargó hasta la actuación de Viva Suecia, banda con la cual se ha cerrado esta primera jornada de Sonorama Ribera.

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