Antoni Tàpies se hace mayor a los 30

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FUNDACIÓ TÀPIES

Barcelona (España), 30 sep (EFE).- En su veintena, el artista español Antoni Tàpies ya contrastaba colores y plasmaba formas geométricas en sus obras. Sin embargo, fue a partir de 1953, año en el que cumplió los treinta, cuando empezó a aplicar sobre la pintura materiales diversos, desde cartón ondulado a tejidos.

Todo ello queda constatado en la exposición “Tàpies a los 30”, que se inaugurará el día 2 de octubre en la Fundación Antoni Tàpies, en la celebración de su trigésimo aniversario, con 41 piezas, aforo limitado y documentación diversa, desde cartas manuscritas a fotografías inéditas y audiovisuales.

La comisaria Núria Homs explicó hoy a Efe que, entre los años 1953 y 1963, el artista barcelonés vivió un período “fundamental” en su trayectoria porque “encontró su lenguaje de madurez, consiguió el reconocimiento internacional y no se dejó instrumentalizar por el régimen franquista”.

A su juicio, son fechas en las que, al inicio, “él se está buscando e incluso uno puede dudar de hacia dónde tirará, qué camino cogerá”.

En el recorrido expositivo se muestra, en obras como “Meditació epicúria” y “El crit. Groc i violeta”, ambas de 1953, cómo Tàpies ya deja en el lienzo la huella de tejidos diversos o cartones, obteniendo unas superficies “reticuladas, estriadas y descascarilladas”.

Homs incide en la importancia que tuvo siempre el dibujo en el pintor y considera que “está en la base de su trabajo matérico”.

En el recorrido, con obras que llevaban años sin verse en Barcelona, algunas procedentes de colecciones privadas, otras de Holanda y Alemania, el visitante podrá ver la evolución del artista y “cómo en sus obras no representa formas realistas, si no que es a través de la materia que sugiere estas formas, ya sea una copa, ya sea una parte del cuerpo humano”.

Símbolos habituales suyos como las cruces toman protagonismo, igual que el muro, la cama y la puerta.

Núria Homs recuerda que Tàpies defendía que “la materia es forma y se deforma, nunca nada permanece”.

La exposición exhibe obras relevantes de pinturas matéricas como “Pintura N.XXX” y “Pintura en blau” o “Marró amb ditades laterals” y “Relleu gris amb dues taques negres”.

En esta etapa de su vida, el pintor, además, realiza sus dos primeras exposiciones individuales en Estados Unidos, en la Marshall Field & Company de Chicago, y en la Martha Jackson Gallery de Nueva York, dirigida por una mujer que fue fundamental en la representación de su obra en los Estados Unidos.

En 1955, por otra parte, conocerá al crítico de arte francés Michel Tapié, quien se interesó por sus nuevos tipos de pintura y lo invitó a formar parte de la Galerie Stadler, desde la que se contribuyó a su difusión internacional.

Homs subraya que durante este período la obra del artista se expone en la III Bienal Hispanoamericana, en la Bienal de Venecia, en la Documenta y gana premios como el de la II Bienal de Sao Paulo o el premio de la República de Colombia.

Sin embargo, como queda claro en unas cartas que se exponen en una de las vitrinas, Tàpies, en un momento en el que el régimen franquista quiere “blanquearse” a nivel internacional, escribe a sus galeristas de Nueva York y París para pedirles que no presten obra suya en exposiciones de ámbito oficial.

Contra su voluntad, como también queda reflejado en una de las salas, un coleccionista de Barcelona prestó tres pinturas en 1962 para la exposición oficial “Modern Spanish Painting” en la Tate Gallery de Londres, lo que provocó la denuncia del creador.

Amparándose en la ley de propiedad intelectual, que daba el derecho a los artistas a exponer públicamente su obra, Tàpies ganó el caso en los tribunales en 1963.

La exposición en la Fundación Tàpies, que podrá verse hasta el 6 de junio de 2021, incluye recortes de entrevistas del artista en la época, como una en el semanario inglés The Observer en la que carga contra la dictadura de Franco, y otra en la que aseveraba que pintaba “con tierras y colorantes para expresar con materiales humildes y pobres algo de la vida que me parece horroroso”.

Por Irene Dalmases

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