Abás aplaza los comicios palestinos de mayo ante reproches de autoritarismo

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PALESTINA ELECCIONES

Jerusalén, 29 abr (EFE).- El presidente palestino, Mahmud Abás, aplazó esta noche los comicios legislativos de mayo por la falta de permiso de Israel para celebrarlos en Jerusalén Este ocupado y ante reproches de autoritarismo por facciones como el grupo islamista Hamás, que lo calificó de “golpe de Estado”.

Tras una reunión con facciones políticas en la urbe de Ramala, Abás anunció el retraso a una fecha no determinada de las elecciones parlamentarias del 22 de mayo, las primeras convocadas en 15 años.

“Decidimos posponer los comicios legislativos hasta que se obtenga la aprobación” israelí “para celebrarlos” en Jerusalén oriental, bajo ocupación y anexión de Israel, que impone ahí sus leyes civiles y no permite actividades de la Autoridad Nacional Palestina (ANP).

El aplazamiento despertó malestar entre gran parte de las 36 listas que se presentaban a comicios, y uno de las que lo condenó con más fuerza fue Hamás, que controla Gaza y en los últimos meses había acercado posiciones con Abás para materializar las elecciones.

La demora de la votación “contradice el consenso nacional” y daña “el apoyo popular” para su celebración, dijo un portavoz de la organización.

Según agregó, la decisión de Abás “es un golpe de Estado contra lo acordado en El Cairo”, en referencia a reuniones previas entre facciones celebradas en la capital egipcia, donde consensuaron celebrar comicios respetando el calendario previsto.

La población palestina de Jerusalén Este, Cisjordania ocupada y la Franja de Gaza estaba convocada a elecciones legislativas en mayo y a presidenciales el 31 de julio, tras 15 años sin ir a las urnas ni poder participar en procesos democráticos para elegir su liderazgo.

Pero el aplazamiento de hoy pone en entredicho la vía electoral y lleva a los palestinos a un panorama político de mayor inestabilidad que podría ahondar su desconfianza hacia las instituciones.

Según analistas, Abás usó la falta de autorización israelí para votar en Jerusalén como pretexto para evitar unos comicios que probablemente no ganaría su partido, el nacionalista Fatah. Este se presentaba dividido en tres listas, y la oficialista integrada por sus fieles tenía pocas opciones de ganar ante rivales como Hamás.

“La suspensión de comicios” es “un paso peligroso” que “secuestra el derecho fundamental del pueblo palestino a escoger sus representantes y revitalizar sus instituciones políticas”, declaró a Efe una portavoz de Hurriya, candidatura liderada por Naser Quidwa, antiguo alto cargo de Fatah que se escindió con una lista propia.

Con todo, medios y expertos locales señalan que el retraso de las parlamentarias podría abocar a un proceso incierto que puede derivar en protestas, agravar tensiones entre facciones y profundizar el largo estancamiento político de las autoridades palestinas, sobre las que pesa poca legitimidad entre la población y estar salpicadas por sombras de corrupción, falta de transparencia o autoritarismo.

De hecho, desde que Abás llamó a comicios en enero, y pese a que su preparación fue a buen ritmo hasta ahora, muchos palestinos veían la convocatoria con escepticismo y pocos se atrevían a afirmar con seguridad que las elecciones se llegarían a materializar.

LA CUESTIÓN DE JERUSALÉN

En las últimas semanas, Abás y otros miembros del liderazgo que le son cercanos alertaron en mayor medida de que las legislativas no se celebrarían sin Jerusalén Este, e instaron a la comunidad internacional a presionar a Israel para que cambiara de postura.

Las autoridades palestinas reclaman la zona oriental de la ciudad como capital de su futuro Estado, como propugna gran parte de la comunidad internacional, y argumentan que no quieren renunciar al voto en un espacio clave en sus reivindicaciones.

De los 350.000 palestinos residentes en Jerusalén, más de 150.000 tenían derecho a votar, y según planificó el comité electoral, podrían hacerlo en zonas de la ciudad ubicadas al otro lado del muro de separación israelí, conectadas sin separación con Cisjordania.

Sin embargo, más de 6.000 deben hacerlo en oficinas de correo de la urbe que Israel debe autorizar previamente, según los Acuerdos de Oslo (1993-95). Ya lo hicieron en las elecciones parlamentarias de 2006 o las presidenciales de 2005, pero esta vez el Gobierno israelí no dio su visto bueno.

Con todo, a estas alturas, la vuelta de los palestinos a las urnas se complica y parece ser una meta cada vez más lejana.