La guatemalteca Juana Luz Tobar Ortega, madre y abuela, de un documental que hará su coterráneo el fotoperiodista Roderico Díaz, quien en su país no ha dejado que se borre de la memoria de la gente ‘la masacre de Las Dos Erres’.

Por Williams Viera | [email protected]

Greensboro, NC.- Roderico Díaz, fotógrafo de lo que se conoce como ‘la masacre de Las Dos Erres’ durante el régimen del fallecido Efraín Ríos Montt, sigue documentando el caso de su coterránea Juana Luz Tobar Ortega quien fue la primera inmigrante en Carolina del Norte en ser acogida en un templo ‘santuario’ para evitar su deportación.

Tobar Ortega permanece en la Iglesia Episcopal St. Barnabas, en Greensboro desde hace un año y ahí espera con tristeza, angustia e  impaciencia algún mensaje de las autoridades migratorias que le permita regresar a su casa, en Asheboro, junto a su esposo Carlos Valenzuela, ciudadano estadounidense y quien la visita después del trabajo al igual que sus cuatro hijos, dos nacidos en Estados Unidos, y sus dos nietos, como ella dice, “para no sentirme sola y abandonada”.

Roderico Díaz junto a Juana Luz Tobar Ortega en el ‘santuario’ en donde permanece la madre y la abuela para evitar la deportación a Guatemala.

El pasado lunes, 28 de mayo, con motivo del ‘día de recordación y reconciliación’ algunos integrantes de American Friends Service Committee junto al pastor Filiberto Calderón, familiares y amigos, realizaron una vigilia en donde se encuentra ‘recluida’ esta madre y abuela guatemalteca que ingresó al ‘santuario’ el 31 de mayo de 2017.

“Juana representa en la luz y en la sombra la tristeza que se enreda con la sonrisa cuando está junto a los suyos en el autoencierro en que se encuentra, pero ella  no es la única. Es un punto de referencia por ser inmigrante, una demostración de discriminación y xenofobia, algo que se consideraba que estaba superado”, dijo Díaz, el foto periodista.

Díaz, con 42 años de edad y con 10 en el oficio de foto periodista, viaja a Guatemala continuamente y regresa a Greensboro para convivir con Emily, su novia estadounidense. Él  es como un ensayista de una realidad triste con una verdad de la que el gobierno de su país quería ocultar.

Huyendo de la violencia

“Juana, como la mayoría de guatemaltecos en el exterior, es el resultado del poder, siempre ha sido así. Entre el 6 y el 8 de diciembre de 1982, las Fuerzas Armadas de Guatemala y ‘fuerzas de élite’, bajo el gobierno del general Montt, asesinaron a 201 campesinos en el municipio de la Libertad, en donde estaba localizada la aldea ‘Las 2 Erres’ por la empresa ‘Basic Resources’ que hacía exploraciones en Rubelsanto desde 1974 y que cuatro años más tarde descubrió petróleo”, dijo Díaz.

Debido a la Guerra Civil de Guatemala y, en especial, de la  violencia de ese tiempo, en el área rural, Carlos Valenzuela, huyó de su país porque “no quería pelear por el ejército o la guerrilla en la guerra civil. Él llegó a Estados Unidos pidiendo asilo político el 28 de septiembre de 1990, dos años antes que Juana”, dijo Díaz.

Valenzuela calificó hacia la ciudadanía bajo la  llamada Ley de Ajuste Nicaragüense y Ley de Alivio Centroamericano (NACARA). La legislación de 1997 ofrecía beneficios de inmigración y exención de deportación a algunos solicitantes de asilo procedentes de Guatemala, Nicaragua, Cuba, El Salvador y países del antiguo bloque soviético.

Juana Luz Tobar Ortega ingresó por primera vez a Estados Unidos en 1992 y pidió asilo político, pero en 1999 mientras se cumplían los trámites pertinentes hizo un viaje a Guatemala, sin pedir permiso y cuando intentaba cruzar la frontera fue detenida. Esa situación es la que ahora la mantiene con una orden de deportación en su contra.

El documental

“La permanencia de Juana en un ‘santuario’ que le ha permitido congelar su deportación, nos llevó a documentar su caso al igual que las situaciones que viven otros inmigrantes como José Chicas, Eliseo Jiménez, Samuel Oliver Bruno y Oscar Canales. Cada uno de ellos espera una noticia favorable”, dijo Díaz.

Y es que Roderico Díaz está convencido que el mundo no es un cuento de hadas. La verdad es que en todas las naciones hay luchas visibles y subterráneas y por eso, parte de su trabajo es que nadie olvide lo que sucede, allá y acá. 

“La memoria es esencial. Ahora vemos cosas que antes no veíamos, torturas y negociaciones secretas… Antes creíamos que cuanto mejor informada estuviera la gente, más próspero y pacífico sería el mundo, pero no ha sido así. Sin embargo, una foto sigue siendo diciendo más que mil  palabras”, recalcó Díaz.

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