Alonso cumple 40 con más de media vida en la cresta de la ola

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AUTOMOVILISMO FÓRMULA UNO

Madrid, 28 jul (EFE).- Fernando Alonso, doble campeón del mundo de Fórmula Uno, cumple este jueves 40 años; más de la mitad de los cuáles los vivió en la cresta de la ola. Lo celebrará, casi como de costumbre, en el Hungaroring, sede del Gran Premio de Hungría: la pista donde firmó el primero de sus 32 triunfos -los 32 que cuenta España a lo largo de toda su historia- en la categoría reina; en la que debutó a los 19, a bordo de un Minardi.

Sólo un piloto de F1, Kimi Raikkonen (Alfa Romeo), último campeón del mundo (2007) de Ferrari -equipo en el que coincidieron, en la segunda etapa de rojo del finlandés-, que en octubre cumplirá 42, supera en edad al genial piloto asturiano; que este mes, en una entrevista con EFE durante el Gran Premio de Austria, afirmó que lo que realmente importa en el automovilismo “no es la edad, sino el cronómetro”. Algo que sigue dejando bien claro cada fin de semana de carreras.

Tras su año de debutante, el piloto de Oviedo pasó otro como probador de Renault; y cuando la escudería francesa decidió darle un volante, sólo tardó dos Grandes Premios en convertirse -en Malasia y en 2003- en el más joven de la historia en salir desde la ‘pole’ y en subirse al podio (en Sepang, donde acabó tercero). En una campaña en la que también batiría el récord de precocidad en marcar vuelta rápida y en ganar una carrera (precisamente en Hungría). Algo que nunca había conseguido un español y que, hasta la fecha, sólo ha repetido él: en otras 31 ocasiones.

Hasta sumar las 32, el doble campeón mundial asturiano ganó 17 veces (en dos etapas) con Renault; cuatro con McLaren y otras once con Ferrari, la escudería mas laureada de la historia -para la que ahora corre su compatriota Carlos Sainz-. La última de ellas, en Barcelona, en el Gran Premio de España de 2013. Antes de completar un segundo periplo en el equipo de Woking y de despedirse de la Fórmula Uno en 2018.

Después de dos años en los que afrontó nuevos retos, regresó éste a la F1 con Alpine, nombre con que se rebautizó Renault, escudería con la que capturó, de la mano del irrepetible jefe de equipo italiano Flavio Briatore, sus dos títulos (en 2005 y en 2006). Con los que puso la guinda a la labor hecha por su padre, José Luis: el hombre que supo educar a un hijo a la vez que forjaba un campeón.

Tras ganar las 24 Horas de Le Mans (en Francia, dos veces), el Mundial de Resistencia -con Toyota-; y las 24 Horas de Daytona (EEUU); y probar, causando muy grata impresión, en el Rally Dakar; Alonso regresó a su hábitat natural. Y, con un coche no ganador, sigue copando titulares gracias a magistrales puestas en escena.

No importa que este año, de readaptación, ocupe el undécimo puesto de un Mundial por el que pugnan, ‘hacha en mano’, el holandés Max Verstappen (Red Bull) y el séptuple campeón inglés Lewis Hamilton (Mercedes). Alonso nunca deja de estar presente en todas las crónicas; y sigue siendo el sujeto de innumerables titulares.

Especialmente, después de las exhibiciones que dio tanto en Baku, donde avanzó cuatro puestos en la última vuelta para acabar sexto; como en Silverstone. Donde dejó boquiabierto al personal hace dos fines de semana, con una estratosférica primera vuelta en la primera calificación a través de una prueba sprint de la historia; en la que avanzó seis puestos -del undécimo al quinto- en las primeras curvas.

Su actuación mereció los elogios del ingeniero inglés Ross Brawn, actual director deportivo de la Fórmula Uno, y toda una institución en la categoría reina, en el que su nombre se vincula entre otros, al del alemán Michael Schumacher, junto al que festejó los siete títulos que el año pasado igualó Hamilton. Brawn -que también ganó un Mundial (2009) con el inglés Jenson Button- dijo que exhibiciones como las de Alonso bien merecen el precio de la entrada.

Tres veces subcampeón mundial y con 97 podios en la Fórmula, en la que cuenta 22 ‘poles’ y 23 vueltas rápidas, de Alonso se ha dicho y se ha escrito ya todo.

¿Todo?

No. Fernando se empeña en que esto no sea así; y lo demuestra optimizando con maestría cada fin de semana de carreras todos los recursos de su Alpine, el séptimo coche de la parrilla, atendiendo al puesto que ocupa en el Mundial de constructores. Con el que, a lo máximo que podría optar -por esa regla de tres- es al decimotercer puesto. Y con el que, de momento, es undécimo en el certamen, con 26 puntos: sólo cuatro menos que el cuatro veces campeón alemán Sebastian Vettel, que conduce un Aston Martin.

“Alonso sigue siendo el mejor de la parrilla”, opinó hace poco el brasileño Emerson Fittipaldi, otro bicampeón mundial (1972 y 74), cuya plusmarca de juventud batió Fernando cuando, a los 24, se proclamó campeón del mundo por primera vez. Destronando al ‘Kaiser’, cuyas siete coronas igualó el año pasado Hamilton: para ser nombrado ‘Sir’ por la Reina Isabel de Inglaterra.

En espera de que el nuevo reglamento del año próximo le otorgue, al menos, la posibilidad de aspirar al podio número 100 y a sumar alguna victoria más, Fernando se divierte, según admitió a Efe en Spielberg. Aunque el astro astur no regresó sólo para pasarlo bien. Lo hizo porque quiere volver a ganar: su verbo favorito.

Figura indiscutible -también por su condición de pionero en éxitos, en su especialidad- de la historia del deporte español, Alonso nunca ha dejado frío a nadie. Y no pocos de entre los que no lo conocen, incluso los que ni siquiera siguen las competiciones en las que participa, tienen conformada, también, opinión acerca de él.

Uno de los recurrentes ‘mantras’ de sus detractores es que no congenia con sus compañeros. Es falso. Su relación con la mayoría de ellos siempre ha sido buena. En la actualidad, comparte horas de ‘play station’ con su vecino de garaje, el francés Esteban Ocon. Y en la citada entrevista con Efe, Alonso recalcó que, con Hamilton, su antagonista por antonomasia en aquel 2007 para el olvido (el del debut de Lewis) -en el que McLaren ‘tiró’ dos Mundiales que hubiese ganado con la gorra- los problemas no eran con el inglés, “sino con el equipo”.

Con la prensa su relación es, como poco, de justa reciprocidad. No rehuye preguntas y no exige conocer cuestionario previo antes de conceder entrevistas (al contrario que otras estrellas de la F1). Va de frente. Y es capaz, incluso, de sorprender al periodista hospitalizado con un cariñoso mensaje de ánimo en momentos complicados.

Como piloto tiene un don en el que confluyen cabeza privilegiada, manos de oro y un pie que no concibe otra misión que la de pisar siempre a fondo el pedal. Y pocos saben desarrollar un coche como lo hace él.

Fernando cumple 40. Y le quedan aún muchos más al comando de las emociones de centenas de miles de sus compatriotas y de aficionados de cualquier rincón del mundo que reconocen su enorme talento. Alonso nunca les falla.

Adrian R. Huber