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Alexis Valdés cambia de registro y escribe unas memorias de su dura infancia

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Miami, 15 abr (EFE).- Siempre con una sonrisa amplia y un humor blanco, el polifacético comediante, dramaturgo y actor cubano Alexis Valdés cambia radicalmente de registro con “El miedo nos hizo fuertes”, unas memorias sobre una infancia llena de golpes, escasez y tristeza.

Fotografía cedida por el grupo editorial Penguin Random House donde aparece el comediante cubano Alexis Valdés quien publica el próximo 26 de abril unas memorias tituladas "El miedo nos hizo fuertes" (Vintage Español). EFE/Penguin Random House /SOLO USO EDITORIAL /NO VENTAS /SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA /CRÉDITO OBLIGATORIO

Si hace ya casi una década el comediante debutó en la literatura con un libro ligero de divertidas historias y anécdotas —”Con todo mi humor” (Aguilar, 2013)—, en la obra que publicará el próximo 26 de abril golpea al lector con el relato de unos años de abusos en una trampa mal llamada hogar.

En “El miedo nos hizo fuertes” (Vintage Español) Valdés no busca saldar cuentas con su pasado ni con su abusador padrastro, al que se refiere como el “innombrable”, sino para mostrar que se puede enfrentar un “dolor dormido” durante años, explica el humorista en una entrevista telefónica con Efe en Miami, donde vive desde 2005.

La suya fue una infancia marcada por el divorcio de sus padres y la llegada a su casa de un padrastro que descargaba sus miserias humanas en forma de golpizas y amenazas, y especialmente en el pequeño Alexis, un niño sensible en el que el “innombrable” veía la imagen de su padre, el otro hombre de su entonces mujer.

UNAS MEMORIAS PARA SANAR

Sin tener muy claro si sería un cuento de escasas páginas o si el protagonista sería el pequeño Alexis o un niño desconocido, Valdés finalmente optó por unas memorias que llevasen el mensaje de que se puede “lidiar con los fantasmas” del pasado.

Y le permitió además hacer un ejercicio para entender los motivos por los que su padrastro, maltratado a su vez cuando era niño, fue tan cruel con sus hijas e hijastros y, de alguna manera, le permitió ser generoso y perdonar.

“No siento rencor, ni odio. No tengo que vengarme. El libro es un acto de liberación” y lleva el mensaje de que “a veces los buenos ganan”, porque, al final —explica— él venció en su guerra particular con el padrastro y no solo “salió adelante”, sino que ha tenido una buena vida.

La fotografía que ocupa la portada deja claro el mensaje: un Valdés de mirada dura, diciendo “Detén el abuso, vamos a cambiar la historia”.

UN HOMBRE FUERTE

El comediante, que se prepara para mantener el próximo 8 de mayo su tradición de llevar al Auditorio del condado de Miami-Dade su habitual espectáculo de humor con motivo del Día de la Madre, dice que el título de estas memorias es certero y que, tras el miedo, ahora se siente “fuerte”.

Para este cubano de 58 años la fortaleza reside en la aceptación de ser quién es. Un paso importante después de que en su juventud fuera muy duro consigo mismo y sintiera la necesidad de demostrar su “valía” a los demás.

El inesperado éxito y el reconocimiento público, tanto en Cuba como en España —explica— no solo le ayudó a recuperar la autoestima tan dañada sino que le “transformó” y le permitió sentirse “aceptado” y crecer como ser humano.

“Yo era ese niño triste, angustiado, cuyos errores eran poco tolerados porque vivía en un ambiente opresivo por parte de mi padrastro”, recuerda sobre ese chico que “del que no se esperaba nada” pasó a ser al humorista más reconocido de Cuba.

“Fue como si la vida me diera un gran aplauso, como si me dijera: ‘Lo has pasado duro, has luchado mucho, pero aquí te estamos recompensando'”, señala.

Afortunadamente, reconoce, esa amargura infantil no la arrastró a su humor, casi siempre luminoso y optimista, ya fuera en monólogos de comedia, la televisión, el teatro o el cine: “En mí hay una secreta ilusión en que puedo contribuir un poco a mejorar mi lugar, mi tiempo”.

Y también hay algo de eso en estas memorias, en las que,—a pesar de vivir su infancia en un país en el que, como dice en el libro, a su generación le “exigieron tanto que no nos dejaron ser niños”— refleja además una alegría de vivir y la esperanza de que algún día todo será mejor.

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