Fuera de servicio y acompañado de su familia, respondió de inmediato cuando un adolescente sufrió un paro cardíaco durante un partido de béisbol.
Galo Baird | [email protected]
Fotos crédito: Charlotte Fire Department
Lo que parecía una tarde más de béisbol juvenil terminó convirtiéndose en una carrera contra el tiempo para salvar la vida de un adolescente. Para el bombero de Charlotte, Pedro Muñiz, aquel día no estaba de servicio. Solo era un padre acompañando a sus hijos en los campos deportivos de Steele Creek, en el suroeste de la ciudad.
Después de pasar varias horas en un torneo en Statesville, la familia regresó a Charlotte. El calor era sofocante y todo apuntaba a que el día había terminado. Sin embargo, sus hijos querían seguir practicando. Muñiz, quien además ha sido entrenador de béisbol infantil durante años, aceptó sin dudarlo.
Esa decisión terminó colocándolo exactamente donde debía estar.

EMERGENCIA
Mientras observaba a su familia desde uno de los diamantes, comenzó a escuchar las sirenas de unidades del Departamento de Bomberos de Charlotte. Revisó la información de la emergencia desde su teléfono y leyó dos palabras que cambiaron el rumbo de la tarde: paro cardíaco. La víctima era un niño de 13 años.
A la distancia vio a varias personas rodeando a un adolescente tendido sobre el terreno de juego. No conocía al menor ni sabía qué había ocurrido. Solo entendió que no había tiempo que perder.
Corrió de inmediato hacia el lugar. En la desesperación ni siquiera buscó la entrada al campo; simplemente saltó la cerca para llegar más rápido.
El adolescente era Bryson Blanton, quien acababa de jugar su segundo partido del día. Minutos antes había atrapado una pelota en los jardines, conectó un doble y, tras llegar a segunda base, se desplomó.
AYUDA
Cuando Muñiz llegó, un entrenador ya realizaba maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP), mientras un oficial de la Policía de Charlotte-Mecklenburg, que estaba fuera de servicio, también ayudaba.
El bombero se presentó, revisó el pulso del menor y confirmó que no tenía latidos.
Sin perder la calma, asumió una función clave en la atención. Mientras otros continuaban con las compresiones torácicas, él ayudó a mantener despejada la vía respiratoria y coordinó las maniobras hasta la llegada de los equipos de emergencia.
Pocos minutos después arribaron los bomberos y paramédicos. Continuaron la RCP, utilizaron un desfibrilador y lograron estabilizar al adolescente antes de trasladarlo al hospital.
COMO PADRE
Solo cuando la emergencia terminó, Muñiz sintió el verdadero peso de lo ocurrido.
Padre de cuatro hijos, comprendió que su hijo mayor tiene la misma edad que Bryson. Esa coincidencia hizo imposible no pensar en lo que aquella familia estaba viviendo.
Días después recibió una noticia poco frecuente para quienes trabajan en emergencias: el adolescente había sobrevivido.
Los médicos descubrieron que Bryson padecía una enfermedad cardíaca que nunca había sido detectada. Tras varias semanas hospitalizado, comenzó a caminar, hablar y recuperarse favorablemente.
La familia invitó a Muñiz a visitarlo en el hospital. Allí pudieron conversar sobre lo sucedido y compartir un momento que el bombero jamás olvidará.

ENSEÑANZA
Más allá del rescate, Muñiz espera que la historia deje una enseñanza: un paro cardíaco puede ocurrir en cualquier lugar y la rapidez con la que alguien inicia maniobras de RCP puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Aquella tarde él no llevaba uniforme ni estaba trabajando. Era simplemente un padre disfrutando del béisbol con sus hijos.
Pero cuando escuchó las sirenas, hizo lo que lleva años preparándose para hacer: correr hacia la emergencia.
Nota editorial: Basado en un artículo original en inglés de Kevin Campbell, del Departamento de Bomberos de Charlotte.
Esta historia ha sido editada respecto a su versión original para su publicación en español. www.charlottenc.gov/City-News
