Nueva York, 3 jul (EFE).- Los devotos seguidores de Taylor Swift, apodados ‘Swifties’, soportaron este viernes temperaturas de unos 40 grados centígrados en los alrededores del Madison Square Garden de Nueva York con la esperanza de atisbar el mínimo detalle de la boda de su ídola con el deportista Travis Kelce.
«Esto solo ocurre una vez en la vida, es nuestra boda real», dijo a EFE con el rostro reluciente por la emoción y el calor Sarah Key, una joven becaria que, junto a dos amigas, escudriñaba cada vehículo con cristales tintados que se dirigía al estadio a las cuatro de la tarde, cuando estaba previsto el inicio de la velada.
El monumental despliegue de seguridad recordaba al de la Asamblea General de la ONU, con calles cortadas a vehículos y peatones desde el mediodía y un impenetrable perímetro con decenas de policías que protegían los fastos nupciales a los que asisten esta tarde la flor y nata de la cultura pop estadounidense.
«¡No he visto nada, pero quiero verlo todo!», comentó Sam, ‘Swiftie’ desde hace una década, vestido con una camiseta de ‘The Eras Tour’ y convencido de que hay una canción de Swift «para cada momento de la vida».
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El joven consiguió llegar a la esquina frente al Garden en la Octava Avenida, a la que prácticamente solo podía acceder la prensa, y reveló que había visto pasar al cantante Benson Boone y la humorista Nikki Glaser.
Y es que la posibilidad de ver a algún «famoso cool» en el centro de Nueva York, señala una pareja de turistas, es más real desde anoche, cuando Swift y Kelce organizaron una cena para cien de sus allegados, que pasarán a ser un millar en el ‘affaire’ de esta tarde, en el que no está claro si habrá ceremonia o si esta ya se ha celebrado en privado, como han apuntado medios locales.
«Mi amigo vio ayer a Bradley Cooper saliendo de la cena», relató Shauna Roark, que reconoció no tener expectativas ya que el evento «es muy privado, está muy bien hecho», pero estaba divirtiéndose al presenciar el «final feliz» de Swift con Kelce «después de atravesar públicamente rupturas y cambios vitales».
Otra ‘Swiftie’ llamada Anou, quien, al igual que la joven anterior, dijo idolatrar a la cantante desde que tiene nueve o diez años, destacó que había visto a Olivia Benson (el personaje de Mariska Hargitay en ‘Law and Order’) y al diseñador Tommy Hilfiger y su esposa, «que bajaron la ventanilla y nos saludaron».
Cecily Hall y Laurie Powers, dos «grandes fans», pasaron cinco horas tras una valla y aventuraban si en el Garden se habría instalado «un jardín o un castillo», pero coincidían en que la «visionaria» artista haría suyo el espacio con una fiesta digna de recordar y de la que deseaban que trascendiera alguna foto.
Más allá de Swift, la vida sigue

No obstante, para algunos la boda de Swift no era noticia, o no positiva, en la bulliciosa Gran Manzana, en la que este fin de semana se celebra el 4 de julio, el 250 aniversario de la Independencia de Estados Unidos y el Mundial de fútbol, y que además vive temperaturas máximas no vistas en más de una década.
El alcalde de Nueva York, el demócrata Zohran Mamdani, pidió prudencia a la población si salían a la calle para curiosear los festejos, y la congresista republicana Nicole Malliotakis reivindicó que la pareja reembolse a la ciudad por los «130 policías al día necesarios para mantener segura su boda multimillonaria».
Cerca de la esquina por donde los vehículos de los invitados llegaban al estadio, entre un grupo de curiosos listos para fotografiar a los pasajeros, decenas de personas se mantenían ajenas a la vida de Swift, absortas en el partido de Australia contra Egipto que se retransmitía en una terminal pública con pantalla.
Junto a ellos, una joven con mascarilla sostenía un cartel que calificaba a Swift de «monstruo» por «acaparar electricidad en una ola de calor mortal», mientras que otro joven, con la camiseta del equipo de los Knicks, que revolucionó hace unos días a la ciudad al ganar el título de la NBA, preguntaba: «¿Qué es todo esto?».
