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Las iglesias de madera, joyas del patrimonio ucraniano, amenazadas por los ataques rusos

Drogóbich (Ucrania), 23 jun (EFE).- Las tserkvas o iglesias de madera de Ucrania, joyas de la arquitectura popular e inscritas hace más de una década en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco, están amenazadas por los ataques aéreos rusos en medio de los bombardeos sistemáticos contra el patrimonio cultural del país.

Durante siglos, los altos árboles formaron una barrera natural alrededor de la Iglesia de San Jorge en Drogóbich del siglo XVII para protegerla de los rayos. Hoy cuenta con un moderno sistema contra incendios instalado en su interior y una estación de bomberos situada a apenas 200 metros.

Sin embargo, durante los frecuentes ataques aéreos rusos contra este centro industrial de la región occidental ucraniana de Leópolis, el personal apenas puede hacer otra cosa que rezar para que este histórico edificio de madera, que ya ha sobrevivido a múltiples conflictos, incluidas las dos guerras mundiales, permanezca en pie.

«Ni siquiera quiero pensar qué ocurriría con una estructura de madera, tan difícil de salvar o restaurar», declaró a EFE Alla Gladun, directora del museo de la iglesia desde hace quince años.

Un monumento único

Junto con otras siete iglesias de distintas regiones culturales del oeste de Ucrania y ocho más situadas al otro lado de la frontera, en Polonia, la Iglesia de San Jorge fue inscrita en 2013 en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco como un «ejemplo excepcional de la tradición, antaño muy extendida, de construcción eclesiástica ortodoxa en madera».

Construida íntegramente en madera sobre cimientos de piedra, la iglesia representa la máxima expresión tanto de la construcción práctica en madera como de la creación artística, explicó Gladun.

«El edificio conserva una autenticidad excepcional, ya que tanto el exterior como el interior se han preservado casi por completo en su forma original de la década de 1650», añadió.

Decenas de escenas bíblicas pintadas en las paredes desde el suelo hasta el techo incorporan paisajes locales de los Cárpatos y representan también a los habitantes de lo que en su día fue un próspero centro de producción de sal.

La investigadora Yulia Lavris, que ha estudiado durante más de veinte años hasta los más pequeños detalles del interior de la iglesia, la describe como «un libro en el que nada es casual».

«Se pueden leer antiguas inscripciones en ucraniano antiguo y observar cómo Jesús y los Apóstoles sonríen durante la Última Cena, algo poco habitual frente al tono generalmente solemne de la pintura religiosa», explicó.

Antes de la invasión rusa a gran escala, la iglesia recibía unos 50.000 visitantes al año, muchos de ellos extranjeros. Las cifras han caído drásticamente, aunque todavía se celebran ocasionalmente liturgias, como ocurre en la mayoría de las iglesias de madera que continúan cumpliendo su función religiosa original.

A pesar de la escasez de fondos y de las condiciones de guerra, los trabajos de restauración continúan sin interrupción.

Los equipos están sustituyendo las pequeñas tejas de madera de pino del tejado y reparando otros elementos de madera que requieren un mantenimiento constante debido al clima húmedo de montaña.

Los esfuerzos también se centran en restaurar iconos originales dañados por técnicas de conservación inadecuadas durante la época soviética.

Patrimonio bajo amenaza

Tras un reciente ataque con drones que provocó un incendio en la Catedral de la Asunción de Kiev, protegida por la Unesco, Gladun se interesó por el estado de un iconostasio que está siendo restaurado actualmente en la capital. Afortunadamente, no sufrió daños.

Según el Laboratorio Ucraniano de Monitoreo del Patrimonio (HeMo), que documenta los daños a la infraestructura cultural, más de 5.400 edificios y monumentos han resultado dañados o destruidos en lo que la organización califica de «genocidio cultural» perpetrado por Rusia contra Ucrania.

Un fragmento de misil hallado tras un ataque ocurrido en marzo en una calle cercana a la iglesia pone de manifiesto la amenaza constante que pesa sobre Drogóbich y su templo más emblemático.

Hasta ahora, la Iglesia de San Jorge ha evitado impactos directos, aunque las explosiones cercanas han alimentado el temor a posibles daños estructurales.

Tampoco es posible instalar una cubierta protectora sobre el edificio, ya que ello aceleraría considerablemente el envejecimiento de la madera.

«Creemos en el destino afortunado de nuestra iglesia. Las personas que la construyeron eran artesanos talentosos que también pusieron su alma en ella. Y nosotros hacemos todo lo posible para continuar esta historia de amor», concluyó Gladun.

Rostyslav Averchuck

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