Viena, 23 jun (EFE).- Antes del ‘Milagro de Berna’, antes de que el Mundial de Suiza 1954 encontrara en Alemania a su inesperado campeón frente a la entonces todopoderosa Hungría, el torneo dejó en Lausana una celebración del exceso.
Hubo 12 goles, dos hat-tricks, una remontada con un 3-0 en contra y un guardameta sonámbulo por un golpe de calor. El resultado fue el partido con más goles de la historia de los Mundiales: Suiza 5, Austria 7.
El 26 de junio de 1954, el Stade Olympique de la Pontaise en Lausana se convirtió en un horno, una estepa despiadada con 40 grados donde 22 futbolistas decidieron declararle la guerra al sentido común y marcaron 12 goles en uno de los partidos más locos de la historia, un récord que, más de siete décadas después, sigue vigente.
Llegaba Austria a ese partido de cuartos de final como uno de los equipos más temibles del torneo por su fútbol ofensivo. Había despachado a Escocia y triturado a Checoslovaquia con una contundencia que la situó entre los aspirantes al título.
Suiza, anfitriona del torneo, venía de sobrevivir en una eliminatoria de desempate contra la poderosa Italia (4-1).
Austria partía como favorita, pero Suiza jugaba de local y contaba con el apoyo de más de 30.000 hinchas.
Todo parecía normal hasta que el inusual calor a las 17.00 horas de la tarde se convirtió en el verdadero protagonista del arranque del encuentro.
El partido entró en la historia del fútbol como ‘la batalla de Lausana bajo la canícula’ («Die Hitzeschlacht von Lausanne», en alemán).
El primero en caer fue Kurt Schmied. El guardameta austríaco sufrió un golpe de calor y comenzó a moverse como si estuviera en trance, sin casi atender al juego. En esa época no había cambios, ni siquiera para los porteros, así que Schmied siguió ahí, desdibujado bajo los palos.
Suiza olió sangre. El delantero Robert Ballaman disparó en el minuto 16 desde el balcón del área y lo que era un tiro centrado y no muy fuerte se convirtió en el primer tanto ante un Schmied que apenas reaccionó.
El otro atacante suizo, Josef Hügi, entendió la situación y marcó en otras dos ocasiones. En tres minutos, entre el 16 y el 19, los anfitriones sumaron un 3-0 que parecía definitivo. Lausana rugía.
La respuesta del banquillo austríaco para cortar la hemorragia fue situar al masajista Josef Ulrich detrás de la portería para guiar a un portero que sólo veía sombras.
«Vuelven», «a la derecha», «va rasa», gritaba Ulrich a un Schmied que vagaba bajo los palos.
A partir de ahí, Austria protagonizó una remontada legendaria: los jugadores de blanco comenzaron a combinar y bajo un sol que también castigaba a los suizos llegaron tres goles en tres minutos. Theodor Wagner (25), Alfred Körner (26), y de nuevo Wagner (27).
Los tres tantos fueron tiros lejanos, que fue la forma en la que los austríacos dinamitaron el cerrojazo defensivo suizo, que empleaba líneas muy retrasadas y un líbero para corregir errores y cerrar espacios.
De repente, el 3-0 se había convertido en 3-3. El público de Lausana no entendía nada. La pelota iba y venía como si también hubiera sufrido una insolación.
Entonces apareció Ernst Ocwirk, el capitán austríaco, que marcó el cuarto. Körner sumó el quinto. Del 0-3 al 5-3 en apenas nueve minutos, entre el minuto 25 y el 34.
Ni siquiera entonces terminó la locura. Ballaman recortó antes del descanso y Austria desperdició un penalti. Y cuando el árbitro señaló el final de la primera mitad, el marcador mostraba un delirante 5-4, con nueve goles en 45 minutos.
La segunda parte, comparada con semejante locura, pareció casi civilizada, y Wagner y Hügi completaron sus tripletes.
El tanto de Wagner llegó en el 53, al parecer tras un fuera de juego no señalado por el árbitro, lo que llevó a grandes protestas del público.
Cinco minutos después Hügi respondió con su tercer gol para Suiza con un disparo que Schmied normalmente habría detenido.
A falta de un cuarto de hora, Erich Probst marcó el definitivo 7-5 para los austríacos, el duodécimo y último gol del partido.
Austria acabaría alcanzando el tercer puesto del torneo, la mejor clasificación mundialista de su historia, pese al trago amargo de perder por 1-6 contra Alemania Federal en semifinales.
Y Suiza nunca volvería a pisar unos cuartos de final y su siguiente victoria mundialista sería 40 años más tarde, en el Mundial de 1994 en Estados Unidos ante Rumanía.
Schmied, hospitalizado tras el partido y convertido para siempre en símbolo de aquella tarde, confesaría más tarde algo tan irreal como el propio partido: no recordaba nada, ni los goles encajados, ni la remontada, ni el récord de los 12 tantos.
Ficha técnica:
5 – Suiza: Parlier; Bocquet, Neury, Casali; Eggimann, Kernen; Antenen, Ballaman, Fatton, Hügi y Vonlanthen.
7 – Austria: Schmied; Hanappi, Happel, Barschandt; Ocwirk, Koller; Robert Körner, Wagner, Probst, Alfred Körner y Stojaspal.
Goles: 0-1, min. 16: Ballaman. 0-2, min. 17: Hügi. 0-3, min. 19: Hügi. 1-3, min. 25: Wagner. 2-3, min. 26: Körner. 3-3, min. 27: Wagner. 4-3, min. 32: Ocwirk. 5-3, min. 34: Körner. 5-4, min. 39: Ballaman. 6-4, min. 53: Wagner. 6-5, min. 58: Hügi. 7-5, min. 76: Probst.
Penaltis: Alfred Körner (Austria) falló un penalti en el minuto 42.
Árbitro: Charlie Faultless (ESC).
Incidencias: Asistieron al encuentro 35.000 espectadores en partido correspondiente a los cuartos de final del Mundial de 1954, disputado el 26 de junio en el Stade Olympique de la Pontaise de Lausana
Luis Lidón
