Madrid, 18 jun (EFE).- Jugaba al fútbol desde los 13 años y con 19 se inscribió en una escuela de arbitraje. Quería conocer mejor las reglas y descubrió su verdadera vocación, con la que no ha dejado de abrir puertas hasta entonces cerradas para la mujer.
La más infranqueable la rebasó el 1 de diciembre de 2022, cuando Stéphanie Frappart se convirtió en la primera en arbitrar un partido del Mundial masculino en Catar. Fue el Costa Rica-Alemania (2-4) de la última jornada de la fase de grupos y la despedida de ambas selecciones.
Frappart fue ayudada en las bandas por la brasileña Neuza Back y la mexicana Karen Díaz.
Pero hasta llegar al estadio catarí de Al Bayt de Al Khor, tuvo que romper muchos otros moldes y escuchar comentarios como el de que «es complicado para una mujer arbitrar en un deporte de hombres». Fue el que le hizo el entrenador del Valenciennes en 2015, David Le Frapper, por no pitarles un penalti.
Un año después se convirtió en la primera árbitra que llegaba a la segunda división del fútbol masculino francés. De allí saltó al primer escenario del fútbol francés y se consolidó en abril de 2019, con 35 años, al pitar el Amiens-Estrasburgo (0-0) de la máxima categoría del campeonato galo.
Arbitró aquel encuentro como medida excepcional y como preparación para el Mundial femenino del año siguiente en Canadá, aunque ya desde la siguiente temporada (2019-2020) la Federación Francesa de Fútbol (FFF) la incorporó al grupo de árbitros de la «Ligue 1».
Nacida en la región parisina de Plessis-Bouchard (1983) e iniciada en el fútbol como jugadora del modesto Pierralaye del norte de París antes de dedicarse de lleno al arbitraje, Frappart se mantuvo tras Canadá 2015 en el cartel de árbitros de las principales competiciones: los Juegos de Río 2016, la final del Mundial Femenino Sub’20 de 2018 entre España y Japón, con título para las españolas; y el Mundial femenino de 2019 en su país, en el que arbitró la final con título para Estados Unidos frente a Países Bajos (2-0).
Aunque la primera árbitra que figura en la relación de la UEFA como la elegida para dirigir partidos de sus competiciones de clubes es la suiza Nicole Petignat en 2003, en la fase previa de la Liga Europa, en 2019 seleccionó a Frappart para ser la primera en pitar la Supercopa de Europa, Liverpool-Chelsea (3-0).
Su evolución en el arbitraje internacional la llevó a la Liga de Campeones, para debutar en la temporada 2019-2020 en el Juventus-Dinamo de Kiev (3-0) y pitar, entre otros, el Real Madrid-Celtic (5-1) de la campaña siguiente, además de encuentros de la Liga Europa, la Liga Conferencia y la «Champions» femenina.
Fue auxiliar de Clement Turpin en la Eurocopa masculina que se aplazó a 2021 por la pandemia; estuvo en los Juegos Olímpicos de Tokio también retrasados a ese año y en la Eurocopa femenina de 2022 antes de su salto al Mundial de Catar.
Con motivo de su elección aseguró que uno de sus objetivos «es suscitar vocaciones para que las chicas comiencen a arbitrar».
«Es algo que quiero hacer porque he comenzado a entreabrir las puertas», dijo entonces.
Cuatro años después de esta afirmación su nombre no aparecerá en el acta de ningún partido del Mundial 2026, pero su ausencia no cambia su papel decisivo para que ahora la estadounidense Tori Penso se convierta en la segunda mujer en dirigir en un Mundial, al arbitrar este jueves el República Checa-Sudáfrica en Atlanta.
Olga Martín
