Inglewood (EE.UU.), 15 jun (EFE).- Entre pancartas de protesta, banderas revolucionarias y abucheos al himno nacional, la selección de Irán se estrenó este lunes en el Mundial en medio de un ambiente dividido entre el apoyo al equipo y el grito de justicia por el respeto a los derechos humanos.
La antesala del encuentro estuvo marcada por la agitación en los alrededores del recinto, con alrededor de unas 200 personas que se manifestaron en las afueras del Estadio de Los Ángeles, previo al encuentro contra Nueva Zelanda, con consignas en contra del régimen y ondeando banderas del ‘León y el Sol’, emblemas de la oposición.
En el epicentro de la protesta exterior se encontraba Parsa, quien portaba la bandera iraní actual sujeta a los tobillos para que la gente pasara por encima de ella y la pisara, describiéndolo como su manera de protestar contra el régimen de Irán y la participación de la selección nacional en el Mundial.
«No acepto esta bandera que ves aquí tendida en el suelo. Esta bandera mata a personas. Han matado a mucha gente de mi generación que solo quiere libertad. FIFA sabe que no nos gusta esta bandera y que no lo aceptamos, pero queremos que el mundo sepa que no apoyamos la corrupción ni el terrorismo», indicó a EFE.
A su alrededor, el grupo cantaban consignas en contra del régimen y se instalaron puestos para comprar camisetas con rostros de las personas fallecidas en suelo iraní para honrar su memoria.
Algunos de los asistentes portaban retratos de conocidos o deportistas de élite asesinados por el régimen mientras otros manifestantes ondeaban también las banderas de Israel y de EE.UU., las naciones enemigas del Gobierno de Teherán.
La joven Bahar, quien estuvo ayer mostrando su rechazo contra el club persa durante la jornada de entrenamientos en Los Ángeles, volvía esta jornada a la carga para representar «a toda esa gente que ha sido secuestrada» por el régimen.
«Levantamos esta bandera de millones de iraníes valientes alzaron por las calles porque quieren una vida normal y recuperar el país», afirmó a EFE.
Las protestas políticas convivieron pacíficamente en los alrededores del recinto con las de aquellos que buscaban ofrecer una imagen de apoyo y neutralidad.
Rashid y su hijo, por ejemplo, se pusieron en una de las puertas de acceso al recinto a regalar libros del Corán como un símbolo de paz, que es lo que desean para su comunidad.
También había una multitud que paseaba por las afueras manifestándose en contra de mostrar pleitesía a Israel y Estados Unidos y en favor del respeto de los derechos en Palestina.
Contraste en las gradas
La tensión del exterior cobró forma en el interior del Estadio. Pese a que la FIFA había vetado el uso de la bandera monárquica iraní para respetar la política de tolerancia cero y desmarcarse de las apologías políticas, la multitud pudo ingresar con banderas, gorros y camisetas en oposición a Irán.
Una vez dentro, cuando se desplegó la bandera actual del país persa, los aplausos se entremezclaron con los pitidos. La misma tónica se repitió cuando comenzó a sonar el himno nacional en los altavoces.
Dentro, el público, sin embargo, no paró de apoyar a Irán durante las jugadas del conjunto persa, aunque también se escuchaba algún que otro silbido de reprobación.
Con el estadio casi lleno, la emoción en las gradas llegó a tal punto que los aficionados coordinaron varias olas. Pese a las diferencias, en las gradas coexistió la dualidad de una hinchada que, por momentos, intentó usar el fútbol para olvidar las diferencias políticas y disfrutar unidos de un deporte.
