Évian (Francia), 14 jun (EFE).- Con poco menos de 10.000 habitantes y conocida por sus termas y su agua mineral, Évian vuelve a ocupar el centro de la atención internacional debido a una cumbre de líderes del G7 en el Hôtel Royal, el legendario palacio frente al Lago Lemán, que ya fue sede de otras citas históricas.
Durante los próximos tres días, del 15 al 17 de junio, el presidente francés, Emmanuel Macron, ejercerá por segunda vez de anfitrión de una cumbre del G7, después de la de Biarritz en 2019, a menos de un año de que termine su segundo y último mandato.
En total, contando las del G8, Francia habrá organizado ocho de las 52 cumbres del grupo, tras las que tuvieron lugar en Rambouillet en 1975 (la inaugural), en Versalles en 1982, en París en 1989, en Lyon en 1996, en Évian en 2003 y en Deauville en 2011.
Veintitrés años después de la histórica cumbre del G8 de 2003, cuando Jacques Chirac recibió a los principales líderes mundiales en la terraza del Hôtel Royal, con el lago Lemán a los pies y los Alpes en el horizonte, el palacio recupera su papel de gran escenario diplomático internacional, y como uno de los lugares más vigilados y observados del planeta.
La elección no es casual: Macron anunció el regreso de la cumbre a Évian como un guiño a uno de los lugares más emblemáticos de la diplomacia francesa contemporánea.
La historia del Hôtel Royal está estrechamente ligada a la de la propia ciudad. Construido a comienzos del siglo XX durante la edad de oro del termalismo europeo, nació para atraer a la aristocracia y a las élites que acudían a las famosas aguas minerales de Évian.
Con vistas dominantes sobre el lago, rodeado por un parque de 19 hectáreas y concebido como un auténtico palacio Belle Époque, pronto se convirtió en uno de los hoteles más prestigiosos de Europa.
Sus salones reflejan todavía aquella época de esplendor. Las influencias del Art Nouveau y del Art Déco conviven con frescos monumentales de Gustave Jaulmes, grandes rotondas y terrazas semicirculares abiertas hacia el lago Lemán, de cuyas vistas disfrutarán los mandatarios de Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y Japón, así como los de los países invitados: Brasil, India, Corea del Sur, Kenia, Egipto, Emiratos Árabes, Catar y Ucrania.
Una profunda restauración completada en 2015 permitió conservar su patrimonio histórico mientras incorporaba instalaciones contemporáneas de lujo.
A lo largo de más de un siglo, por sus habitaciones han pasado miembros de casas reales, artistas, empresarios y dirigentes políticos. Su reputación se ha construido sobre el lujo, la discreción y el aislamiento.
Precisamente esas características explican que siga siendo considerado un lugar ideal para encuentros internacionales de alto nivel, con vigilancia férrea.
Pero el Hôtel Royal no puede entenderse sin Évian. La ciudad, mundialmente conocida por la marca de agua mineral que lleva su nombre, surgió como destino termal tras el descubrimiento de las propiedades de sus manantiales a finales del siglo XVIII.
Situada entre los Alpes y el Lago Lemán, frente a Lausana, se transformó durante la Belle Époque en uno de los centros turísticos más exclusivos del continente. Reyes, aristócratas y grandes fortunas acudían a ‘tomar las aguas’ y disfrutar de un paisaje que combina montañas, lago y arquitectura monumental.
Sin embargo, la influencia de Évian va mucho más allá del turismo. La ciudad fue escenario de la Conferencia de Évian de 1938 sobre los refugiados judíos que huían del nazismo y dio nombre a los Acuerdos de Évian de 1962, que pusieron fin a la guerra de Argelia y abrieron el camino a la independencia del país norteafricano.
A pesar de su tamaño reducido -el municipio tiene una superficie de 4,3 km², lo que equivale a 430 hectáreas-, pocas ciudades europeas han aparecido tantas veces en momentos decisivos de la historia contemporánea.
Ahora, Évian vuelve a encontrarse en el foco internacional. Las autoridades francesas han desplegado un amplio dispositivo de seguridad que afecta también a la vecina Suiza.
La imagen de esta cumbre tiene algo de simbólico. En una época marcada por tensiones geopolíticas y rivalidades económicas, las decisiones de los dirigentes de Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia, Reino Unido, Japón, Canadá y la Unión Europea volverán a debatirse en los mismos jardines donde en 2003 se escenificó la unidad de las grandes potencias. En aquella estuvo el presidente ruso, Vladímir Putin.
