Ginebra, 10 jun (EFE).- Suiza votará este domingo – por tercera vez en un referéndum – una nueva iniciativa para limitar la inmigración, que esta vez estará vinculada a que la población del país no sobrepase la barrera de los diez millones en 2050, y que en caso de ser aprobada puede deteriorar las relaciones entre Suiza y la Unión Europea.

La propuesta ha salido del partido de extrema derecha Unión Democrática de Centro (UDC), que la ha denominado ‘No a una Suiza de 10 millones’ y en favor de la cual argumenta que la inmigración ha aumentado de forma descontrolada en los últimos veinte años y que la población suiza total podría superar pronto la barrera de los diez millones.

El mismo partido fue el que presentó en 2014 una iniciativa llamada ‘Contra la inmigración masiva’, que fue aceptada por un margen muy estrecho (50,3 %).
La UDC afirma ahora que esa iniciativa no se aplicó conforme a la voluntad de los votantes, ya que lo que hizo el gobierno fue implementar una «preferencia nacional suavizada», dando prioridad a trabajadores (suizos o extranjeros) ya residentes en Suiza.
De esa forma se evitaba romper el acuerdo de libre circulación de personas con la UE y que esta diera por finalizado, en represalia, el paquete de acuerdos comerciales y económicos entre Suiza y el bloque comunitario, que es su primer socio comercial.
Una segunda iniciativa, en 2020, que proponía directamente poner fin al acuerdo de libre circulación, fue rechazada claramente por la población (61,7 %).
Con el argumento del crecimiento demográfico de un país que es algo más grande que Extremadura o más pequeño que Aragón, en España, la UDC busca obligar al Gobierno federal a que si antes de 2050 el país llega a los 9,5 millones de habitantes, se tomen medidas en ámbitos como el asilo, se restrinja la reunificación familiar o se deje de emitir permisos de residencia a refugiados admitidos provisionalmente.
Con excepción de la UDC, el espectro de partidos políticos está contra esta iniciativa, que el partido de extrema derecha también defiende señalando que los suizos están sufriendo «estrés por densidad», con trenes y carreteras llenas y un mercado inmobiliario bajo presión, que hace que los precios de venta y alquileres no paren de subir desde hace años.
El Gobierno, el Parlamento y partidos tanto de derecha como de centro e izquierda afirman que, de recibir el respaldo de la ciudadanía, esta iniciativa pondrá en peligro la relación bilateral de largo plazo con la UE, además de recordar que el mercado laboral suizo depende fuertemente de la migración, en gran parte de países vecinos como Francia y Alemania, pero también de más lejos.
Uno de los sectores más afectados sería el sanitario, donde la mano de obra es predominantemente extranjera.
Además, el sistema de seguridad social depende -en lo referido a su sistema de reparto- de que la población activa siga pagando sus cotizaciones, lo que nuevamente pone a los migrantes en el centro en el contexto de una población que envejece rápidamente.
Isabel Saco
