Barcelona, 9 jun (EFE).- El papa León XVI denunció este martes «un clima envenenado en las relaciones familiares» y «en particular de violencia contra las mujeres, que a menudo desembocan lamentablemente también en feminicidios» y llamó a la sociedad a abordar esta «realidad dramática», durante la vigilia celebrada en el Estadio Olímpico de Barcelona.

El papa, que desde que llegó esta mañana a Barcelona alterna el catalán y el español en sus alocuciones, respondió así al dramático testimonio de Desiré, una chica de 20 años de «un barrio muy humilde de Barcelona» que de pequeña vivió cómo su padre intentó matar a su madre, que se salvó porque se interpuso un chico que murió. Ella a los 10 años acabó en los servicios sociales.
La joven, que ahora estudia Derecho, se ha acercado a la religión, pero reconoció que aún le cuesta perdonar a su padre: «¿Cómo puedo perdonar a mi padre, que estuvo a punto de dejarme sin madre? ¿Cómo puedo reconciliarme de verdad con Dios?», fue la pregunta directa que le dirigió al papa en este acto donde le lanzaron interrogantes sobre problemas de gran actualidad.
León XIV elogió la valentía de la joven y respondió: «Debemos interrogarnos sobre el hombre y sobre la humanidad, sobre cómo a veces somos prisioneros del mal hasta llegar a ser violentos con los demás, sobre cómo no logramos cultivar el amor y respetar a los demás en su dignidad y libertad».
El pontífice advirtió de que existe «un clima envenenado en las relaciones familiares de abusos y opresiones, y en particular de violencia contra las mujeres, que a menudo desembocan lamentablemente también en feminicidios».
Y entonces destacó que «ante esta realidad dramática estamos llamados a abordarla todos -subrayó-, sea personalmente, sea como sociedad, porque a nosotros nos corresponde afrontarla en todas sus dimensiones».
«No podemos atribuir a Dios lo que ha sido confiado a nuestra responsabilidad; no podemos imaginar que Dios desde lo alto responda a nuestras necesidades de modo automático o impida milagrosamente que el mal suceda», dijo.
Porque, agregó, «si existe la violencia, si triunfa el egoísmo, si incluso el amor entre familiares se transforma en odio, debemos hacernos algunas preguntas a nosotros mismos, a las dinámicas de nuestra sociedad, a la cultura del individualismo, a la tentación de la violencia, y no a Dios».
Sobre la petición del perdón, Robert Prevost aconsejó «aprender a mirar el perdón, poderosa medicina contra el mal que sana nuestras heridas interiores, como algo que forma parte de un proceso, de un camino».
También aseveró que «la reconciliación con la historia es gradual y, sobre todo, no debemos pensar -continuó- que el perdón equivalga siempre y en todos los casos a volver a la situación anterior o a vivir una relación plena con quienes nos han herido, especialmente cuando el hecho ha sido marcado también por la violencia».
Pero dijo que al menos «se puede permanecer en la buena disposición del corazón hacia la persona, rechazar toda forma de odio o de venganza, esforzarse por reparar la relación en la medida de lo posible y, quizá, rezar por él o por ella».
Al concluir su respuesta, el papa y la chica se fundieron en un abrazo.
