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La estadística, detrás de la eficacia de las rogativas para pedir lluvia, según un estudio

Murcia (España), 28 jul (EFE).- Un estudio de las universidades de Yale (Estados Unidos) y Murcia (España) concluye que las rogativas y rezos que tradicionalmente se hacían en épocas de sequía para pedir agua por intervención divina se llevaban a cabo en épocas en las que, estadísticamente, era más probable que lloviera, lo que afianzaba la idea de su eficacia.

El trabajo, liderado por el profesor de Geografía de la Universidad de Murcia Salvador Gil-Guirado, tenía como objetivo arrojar luz sobre por qué estos rezos se mantuvieron a lo largo de los siglos y por qué quienes practicaban las rogativas no dudaban de su eficacia.

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Según explican fuentes de la universidad murciana, se analizaron para ello factores geográficos, económicos, climatológicos, antropológicos e históricos.

Los investigadores partieron del concepto estadístico denominado “tasa de riesgo” para expresar la probabilidad de que llueva en un determinado momento teniendo en cuenta cuánto tiempo transcurrió desde la última precipitación.

En su estudio, analizaron los registros de rogativas para pedir lluvia a través de rezos en Murcia entre los años 1600 y 1836, y los compararon con los registros municipales de lluvia de esas fechas.

Comprobaron que las rogativas se hacían normalmente tras periodos acusados de sequía, en los que la probabilidad de lluvia era elevada, y de hecho, se produjo en un 71 por ciento de los casos, lo que llevaba a los ciudadanos a asociar los rezos con la lluvia.

“No significa que el ritual produjera la lluvia, sino que las rogativas se celebraban y se intensificaban conforme se prolongaba la sequía, precisamente en momentos en los que la precipitación era estadísticamente más probable”, señala la investigación.

Ese patrón se repite de manera global: los investigadores revisaron 370 fuentes antropológicas para crear una base de datos de 1.208 grupos étnicos en todo el mundo y descubrieron que las sociedades asentadas en lugares con este patrón de lluvia creciente tras periodos de sequía son un 47 por ciento más propensas a practicar rituales de lluvia que aquellas en climas donde la probabilidad de lluvia se mantiene estable.

El estudio también subraya que la dependencia de la agricultura intensiva multiplica la necesidad de estos rituales, convirtiendo la lluvia en un asunto de cohesión y supervivencia colectiva.

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Murcia (España), 28 jul (EFE).- Un estudio de las universidades de Yale (Estados Unidos) y Murcia (España) concluye que las rogativas y rezos que tradicionalmente se hacían en épocas de sequía para pedir agua por intervención divina se llevaban a cabo en épocas en las que, estadísticamente, era más probable que lloviera, lo que afianzaba la idea de su eficacia.

El trabajo, liderado por el profesor de Geografía de la Universidad de Murcia Salvador Gil-Guirado, tenía como objetivo arrojar luz sobre por qué estos rezos se mantuvieron a lo largo de los siglos y por qué quienes practicaban las rogativas no dudaban de su eficacia.

Según explican fuentes de la universidad murciana, se analizaron para ello factores geográficos, económicos, climatológicos, antropológicos e históricos.

Los investigadores partieron del concepto estadístico denominado “tasa de riesgo” para expresar la probabilidad de que llueva en un determinado momento teniendo en cuenta cuánto tiempo transcurrió desde la última precipitación.

En su estudio, analizaron los registros de rogativas para pedir lluvia a través de rezos en Murcia entre los años 1600 y 1836, y los compararon con los registros municipales de lluvia de esas fechas.

Comprobaron que las rogativas se hacían normalmente tras periodos acusados de sequía, en los que la probabilidad de lluvia era elevada, y de hecho, se produjo en un 71 por ciento de los casos, lo que llevaba a los ciudadanos a asociar los rezos con la lluvia.

“No significa que el ritual produjera la lluvia, sino que las rogativas se celebraban y se intensificaban conforme se prolongaba la sequía, precisamente en momentos en los que la precipitación era estadísticamente más probable”, señala la investigación.

Ese patrón se repite de manera global: los investigadores revisaron 370 fuentes antropológicas para crear una base de datos de 1.208 grupos étnicos en todo el mundo y descubrieron que las sociedades asentadas en lugares con este patrón de lluvia creciente tras periodos de sequía son un 47 por ciento más propensas a practicar rituales de lluvia que aquellas en climas donde la probabilidad de lluvia se mantiene estable.

El estudio también subraya que la dependencia de la agricultura intensiva multiplica la necesidad de estos rituales, convirtiendo la lluvia en un asunto de cohesión y supervivencia colectiva.

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Murcia (España), 28 jul (EFE).- Un estudio de las universidades de Yale (Estados Unidos) y Murcia (España) concluye que las rogativas y rezos que tradicionalmente se hacían en épocas de sequía para pedir agua por intervención divina se llevaban a cabo en épocas en las que, estadísticamente, era más probable que lloviera, lo que afianzaba la idea de su eficacia.

El trabajo, liderado por el profesor de Geografía de la Universidad de Murcia Salvador Gil-Guirado, tenía como objetivo arrojar luz sobre por qué estos rezos se mantuvieron a lo largo de los siglos y por qué quienes practicaban las rogativas no dudaban de su eficacia.

Según explican fuentes de la universidad murciana, se analizaron para ello factores geográficos, económicos, climatológicos, antropológicos e históricos.

Los investigadores partieron del concepto estadístico denominado “tasa de riesgo” para expresar la probabilidad de que llueva en un determinado momento teniendo en cuenta cuánto tiempo transcurrió desde la última precipitación.

En su estudio, analizaron los registros de rogativas para pedir lluvia a través de rezos en Murcia entre los años 1600 y 1836, y los compararon con los registros municipales de lluvia de esas fechas.

Comprobaron que las rogativas se hacían normalmente tras periodos acusados de sequía, en los que la probabilidad de lluvia era elevada, y de hecho, se produjo en un 71 por ciento de los casos, lo que llevaba a los ciudadanos a asociar los rezos con la lluvia.

“No significa que el ritual produjera la lluvia, sino que las rogativas se celebraban y se intensificaban conforme se prolongaba la sequía, precisamente en momentos en los que la precipitación era estadísticamente más probable”, señala la investigación.

Ese patrón se repite de manera global: los investigadores revisaron 370 fuentes antropológicas para crear una base de datos de 1.208 grupos étnicos en todo el mundo y descubrieron que las sociedades asentadas en lugares con este patrón de lluvia creciente tras periodos de sequía son un 47 por ciento más propensas a practicar rituales de lluvia que aquellas en climas donde la probabilidad de lluvia se mantiene estable.

El estudio también subraya que la dependencia de la agricultura intensiva multiplica la necesidad de estos rituales, convirtiendo la lluvia en un asunto de cohesión y supervivencia colectiva.

Murcia (España), 28 jul (EFE).- Un estudio de las universidades de Yale (Estados Unidos) y Murcia (España) concluye que las rogativas y rezos que tradicionalmente se hacían en épocas de sequía para pedir agua por intervención divina se llevaban a cabo en épocas en las que, estadísticamente, era más probable que lloviera, lo que afianzaba la idea de su eficacia.

El trabajo, liderado por el profesor de Geografía de la Universidad de Murcia Salvador Gil-Guirado, tenía como objetivo arrojar luz sobre por qué estos rezos se mantuvieron a lo largo de los siglos y por qué quienes practicaban las rogativas no dudaban de su eficacia.

Según explican fuentes de la universidad murciana, se analizaron para ello factores geográficos, económicos, climatológicos, antropológicos e históricos.

Los investigadores partieron del concepto estadístico denominado “tasa de riesgo” para expresar la probabilidad de que llueva en un determinado momento teniendo en cuenta cuánto tiempo transcurrió desde la última precipitación.

En su estudio, analizaron los registros de rogativas para pedir lluvia a través de rezos en Murcia entre los años 1600 y 1836, y los compararon con los registros municipales de lluvia de esas fechas.

Comprobaron que las rogativas se hacían normalmente tras periodos acusados de sequía, en los que la probabilidad de lluvia era elevada, y de hecho, se produjo en un 71 por ciento de los casos, lo que llevaba a los ciudadanos a asociar los rezos con la lluvia.

“No significa que el ritual produjera la lluvia, sino que las rogativas se celebraban y se intensificaban conforme se prolongaba la sequía, precisamente en momentos en los que la precipitación era estadísticamente más probable”, señala la investigación.

Ese patrón se repite de manera global: los investigadores revisaron 370 fuentes antropológicas para crear una base de datos de 1.208 grupos étnicos en todo el mundo y descubrieron que las sociedades asentadas en lugares con este patrón de lluvia creciente tras periodos de sequía son un 47 por ciento más propensas a practicar rituales de lluvia que aquellas en climas donde la probabilidad de lluvia se mantiene estable.

El estudio también subraya que la dependencia de la agricultura intensiva multiplica la necesidad de estos rituales, convirtiendo la lluvia en un asunto de cohesión y supervivencia colectiva.

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