Ginebra, 28 jul (EFE).- Este martes se cumple el 75 aniversario de la Convención sobre las Refugiados, un motivo de celebración para figuras como la exnadadora olímpica siria Yusra Mardini, quien ha viajado a la sede europea de la ONU en Ginebra para participar en los actos de conmemoración y en entrevista para EFE comparte su visión sobre la situación de este colectivo y los desafíos que enfrenta.
«Todos podemos encontrarnos con algo así, si no por una guerra por el cambio climático. Es algo muy real, cualquiera puede convertirse en refugiado en cualquier momento, por eso es importante recordar hoy al mundo una convención con la que los gobiernos y las personas se comprometieron a protegerse mutuamente», afirma.
Con 17 años, ella y su hermana escaparon de una Siria en guerra en un viaje de 25 días que incluyó un peligroso trayecto en lancha neumática desde Turquía hasta Grecia, inmortalizado en la aclamada película «Las nadadoras».
Mardini asegura que le afecta «profundamente» el ver casi a diario noticias de personas que fallecen al intentar travesías por el Mediterráneo como la suya, y niega que Occidente esté anestesiado ante ellas: «no es verdad, sólo que muchas personas no saben cómo afrontar una realidad tan dura y por ello apartan la mirada».
«No es que no les importe, a veces no conocen suficientemente la situación o no entienden las circunstancias. Para alguien como yo, que comprende por qué esos refugiados se marcharon y entiende lo que les ocurrió en el mar, por supuesto que me rompe el corazón», subraya.
La adaptación, otro reto
La exnadadora, que cumplió su sueño de participar en unos Juegos Olímpicos en Río 2016, como parte del equipo de refugiados que desde entonces compite en esas grandes citas, reconoce que tampoco fue fácil la posterior adaptación a Alemania, su país de acogida.
«Me di cuenta de que mucha gente nos miraba como si fuéramos delincuentes, nos deshumanizaban y olvidaban que somos personas normales, con esperanzas y sueños, que huimos porque nos vemos obligadas a hacerlo, no porque busquemos una vida de lujo», subraya.
«Pero tuve mucha suerte y el privilegio de encontrar a las personas adecuadas en Alemania que me ayudaron a volver a centrarme en el deporte», agrega la joven, de 28 años.
Mardini ya se ha retirado de la natación profesional, pero continúa trabajando con otros refugiados de todo el mundo para ayudarles a acceder al deporte, que a ella, señala a EFE, «se lo dio todo».
«Me dio un lugar al que pertenecer, una piscina que me resultaba familiar sin importar en qué lugar del mundo estuviera. Y creo que todos los refugiados merecen esa oportunidad», asegura.
Preocupantes retóricas
La exnadadora admite su preocupación por los discursos críticos con migrantes y refugiados que afloran en los últimos años en muchos países, y subraya que ante ello hay que recordar las muchas historias de éxito de estas personas en los lugares que les acogieron.
«Hay comunidades enteras, tanto en Europa como en Estados Unidos, que se vendrían abajo sin los migrantes y sin los refugiados», defiende.
Mardini será una de las principales voces que intervendrán en el acto organizado por la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), de la que es embajadora de buena voluntad desde 2017, para recordar la convención firmada el 28 de julio de 1951 por esa organización
«Sin ese documento yo no habría podido permanecer en Alemania. Gracias a él los refugiados tienen derecho a solicitar asilo, pero desgraciadamente sólo el 1 % de los que lo buscan lo consiguen», subraya.
También recuerda que el número de refugiados en un mundo en constante conflicto no deja de aumentar: cuando ella huyó de Siria eran entre 50 y 60 millones, y ahora son más de 122 millones. EFE
Antonio Broto
