Róterdam (Países Bajos), 23 jul (EFE).- Hay promesas que se olvidan al día siguiente de unas elecciones y otras que terminan colgadas de una cuerda a cien metros de altura. La alcaldesa de Róterdam, Carola Schouten, pertenece desde hoy al segundo grupo, tras vencer su miedo al vacío y descender en rápel para cumplir una apuesta con los votantes de Países Bajos.
Bajo el cielo gris inconfundible de esta ciudad portuaria, más dispuesto a amenazar con lluvia que a regalar un rayo de sol, Schouten, ataviada en ropa deportiva, llegó a la Euromast, la torre de observación más emblemática de la ciudad, con un gesto serio que apenas lograba disimular con una sonrisa para los curiosos que esperaban el momento del descenso.
«¡Suerte!», le gritaban algunos de camino al ascensor que la llevó hasta el mirador de Euromast, que ofrece el que sus responsables presentan como el rápel más alto de Europa, situado a cien metros de altura.
Allí recibió las últimas instrucciones, se ajustó el arnés, agarró la cuerda y respiró hondo antes de afrontar la aventura que más temía: cruzar la barandilla y dar el primer paso al vacío.
Meses antes había prometido hacerlo si la participación en las elecciones municipales de marzo pasado superaba la de 2022, y lo hizo por poco -un 40,7 % frente al 38,9 % de cuatro años antes-, pero fue suficiente para obligarla a cumplir su palabra.
Podría haber recurrido a las promesas más típicas: hacerse un tatuaje, correr una maratón o raparse el pelo, pero optó por un reto mayor para alguien que reconoce sufrir una «enorme» fobia a las alturas.
Todo «por la democracia», señaló la política de 48 años, afiliada a Unión Cristiana.
Schouten no ocultó que el momento más difícil fue precisamente el primer paso. «Era muy antinatural y daba mucho miedo», admitió tras regresar al suelo, donde confesó sentirse «llena de adrenalina» y dijo que empezó a relajarse hasta mitad del descenso.
Desde abajo, el público siguió cada metro del recorrido entre aplausos y palabras de ánimo, sobre todo durante los últimos metros de un descenso que terminó sin sobresaltos: “¡Ya casi estás!» o «¡Lo has conseguido!».
Cuando sus pies tocaron el suelo, Schouten sonrió con un alivio evidente, entre aplausos de los asistentes, y bromeó: «Necesito un momento para aterrizar».
En octubre de 2024, Schouten se convirtió en la primera mujer en asumir la alcaldía de Róterdam, la segunda ciudad más poblada de Países Bajos, con cerca de 680.000 habitantes y que alberga el mayor puerto de Europa y uno de los más importantes del mundo.
Reconstruida casi por completo tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, es también una de las ciudades más diversas del país: más de la mitad de sus residentes tiene origen migrante y conviven en ella alrededor de 170 nacionalidades.
Por la democracia

El descenso era solo el simbolismo de un mensaje «mucho más serio», insistió la propia alcaldesa, que explicó que el objetivo nunca fue el espectáculo, sino llamar la atención sobre la importancia de votar.
«Para muchas personas no es fácil ir a votar o dudan de que su voto marque alguna diferencia. Era una acción divertida, pero el mensaje que hay detrás es muy serio», explicó, en declaraciones a EFE desde el restaurante del mirador.
Recordó que hace cuatro años Róterdam registró la participación electoral más baja de su historia y defendió que la democracia exige «escuchar» a quienes viven «en los barrios», no solo durante las campañas cada cuatro años, sino “todos los días”.
¿Ayudó su promesa a movilizar a la gente? «Quizá algunos pensaron: ‘Ahora se va a enterar -dijo entre risas-. No sé si realmente ayudó, pero al menos fue una forma de transmitir la importancia del voto y de la democracia», señaló la regidora.
Para enfrentarse al reto, Schouten entrenó durante las semanas previas a este jueves con marines neerlandeses, que le enseñaron a controlar los nervios y, sobre todo, a mantener la vista al frente.
“Me enseñaron en un entorno tranquilo qué debía hacer, en qué debía pensar y dónde debía mirar: no hacia abajo, sino hacia delante. Todo eso me ayudó mucho”, agregó.
El equipo de Euromast también la calmó una vez en el mirador: «Sin ellos, no sé si habría conseguido bajar», reconoció.
La única ausencia fue la del primer ministro neerlandés, Rob Jetten, quien también prometió descender con ella si aumentaba la participación nacional, aunque finalmente no pudo asistir por problemas de agenda. Schouten se mostró convencida de que «algún día» él también cumplirá su palabra.
Ella ya puede tachar la suya de la lista, aunque dejó claro que hay una promesa que no piensa hacer: repetir la experiencia. «No sé si volvería a hacerlo. Eso no lo voy a prometer», admitió.
Imane Rachidi

